Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
200
Diciembre 2025 | año 15 | n. 14
pp. 200
Maternar y paternar haciendo la revolución
en Uruguay entre 1968 y1973
¿Se precisan niños para amanecer?
Janine Zito Díaz1
Resumen
Esta investigación explora las tensiones, contradicciones y nociones en
torno a la maternidad y la paternidad ejercidas por las y los militantes
que participaron en la lucha por un cambio revolucionario a partir de la
acción directa entre 1968 y 1973. Elperíodo elegido supone un contexto
clave para el estudio de los roles de género dentro de los movimientos
revolucionarios debido a la intensicación de las acciones políticas que
buscaban transformar la estructura social en múltiples dimensiones:
económica, política y en el sistema de valores, en el plano de las menta-
lidades. Además, en este período se observa un incremento en la parti-
cipación de mujeres dentro de las organizaciones revolucionarias, en un
clima cultural atravesado por las discusiones de la liberación femenina.
Elestudio se enfoca en dos experiencias organizativas que hicieron uso
de la acción directa y la lucha armada: el Movimiento de Liberación Na-
cional – Tupamaros (-) y la Organización Popular Revolucionaria
33 Orientales (-33). Enel artículo se explora cómo la lucha política,
la clandestinidad y los ideales revolucionarios atravesados por distintas
concepciones de género inuenciaron las decisiones y dinámicas fami-
liares de quienes participaron en estas formas de acción directa.
Palabras clave: género – responsabilidades parentales – acción
directa – militancia clandestina
1 Janine Zito Díaz es egresada del Profesorado de Historia en el Instituto de Profesores Artigas. Actual-
mente se desempeña como docente en grupos de primer ciclo de la Dirección General de Educación
Segundaria (dges).
10.56149/3046-420x.2025.01.08
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
201
Mothering and Fathering while Making the Revolution in
Uruguay Between 1968 and 1973:
Are Children Needed for a New Dawn?
by Janine ZitoDíaz
Abstract
This research explores the tensions, contradictions, and notions surroun-
ding motherhood and fatherhood as practiced by Uruguayan militants
who participated in the struggle for revolutionary change through di-
rect action between 1968 and 1973. The chosen period constitutes a key
context for the study of gender roles within revolutionary movements
due to the intensication of political actions that sought to transform
the social structure in multiple dimensions: economic, political, and also
in the system of values at the level of mentalities. Furthermore, in this
period there is an increase in the participation of women within revo-
lutionary organizations, in a cultural climate marked by discussions of
womens liberation. Welimit our study to two organizational experiences
that used direct action and armed struggle: Movimiento de Liberación
Nacional – Tupamaros (-) and Organización Popular Revolucio-
naria 33 Orientales (-33). Inthe article, we explore how the political
struggle, clandestinity, and revolutionary ideals, permeated by dierent
gender conceptions, inuenced the decisions and family dynamics of
those who participated in these forms of direct action.
Keywords: gender – parental responsibilities – direct action –
clandestine militancy
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
202
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Introducción
Este trabajo analiza desde una perspectiva de género la maternidad y la
paternidad que ejercían las y los militantes que hicieron uso de la acción
directa en Uruguay entre 1968 y 1973. Nos abocamos a dos experien-
cias vinculadas a la lucha armada y la clandestinidad: el Movimiento de
Liberación Nacional – Tupamaros (-) y la Organización Popular
Revolucionaria 33 Orientales (-33). Apartir de estas organizaciones,
que armaban perseguir objetivos de cambio revolucionario, indagamos
cómo fueron asumidas determinadas responsabilidades parentales: la
decisión de engendrar, el deseo o no de asumir los roles de madre-padre
y la división de tareas en la crianza de los hijos en relación con las tareas
de la militancia.
Nuestro propósito es poner el foco sobre las contradicciones que
atravesaron estos movimientos revolucionarios entre su aspiración de
construir una nueva sociedad y la reproducción de patrones propios de
la sociedad patriarcal.
A pesar de que los movimientos introdujeron nuevas formas de enten-
der las relaciones entre los géneros —a partir de ideas más igualitarias—,
las decisiones fueron tomadas en un contexto social moldeado por las
imposiciones de género, en función del poder que asume un género sobre
el otro, por lo tanto las mujeres-madres-militantes asumieron diferentes
responsabilidades que los varones-militantes-padres,
2
a la vez que sufrieron
de manera diferente las consecuencias de la decisión de maternar (o no
hacerlo). Enlos casos de la maternidad deseada, los motivos del deseo
2 Esta variación en el orden de los sustantivos no es arbitraria. Mientras que para muchas mujeres la
maternidad fue una dimensión prioritaria que condicionó y reordenó su militancia, en el caso de los
varones (según mi hipótesis) la militancia antecedió y tendió a subsumir la experiencia de la paternidad.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
203
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
probablemente se encontraban más vinculados a una presión social, al de-
ber ser femenino, y no tanto a una decisión pensada en función del accionar
revolucionario. Esta armación se sustenta en los testimonios analizados
más adelante, donde las propias militantes reexionan retrospectivamente
sobre las condiciones sociales que atravesaron sus decisiones. Asimismo,
Marina Cardozo (2010) explora reexiones semejantes.
Siguiendo los aportes de Tristán (2002, 2005), nos denimos por el
tramo temporal que va desde 1968 a 1973. Esto responde, por un lado,
a que el 68 marca la consolidación de la izquierda revolucionaria en el
país, a partir del fortalecimiento del - y por la concreción en 1969 de
la -33 (Vescovi, 2019). Por otra parte, este proceso se vio impulsado
por la movilización estudiantil de 1968, cuya radicalización favoreció el
crecimiento de organizaciones revolucionarias (Tristán, 2002). También
a nivel global, 1968 fue un año de profundos cuestionamientos a los roles
tradicionales de género y a las estructuras familiares, lo que invita a con-
siderar en qué medida estas transformaciones inuyeron en el contexto
uruguayo y en las dinámicas internas de los movimientos revolucionarios.
Siguiendo esta línea, el año 1973 marca el límite nal con la consolidación
del golpe de Estado (aunque ya habían sido desarticulados los movimien-
tos el año anterior).
Marco teórico
La investigación se enmarca en la perspectiva de género. Adiferencia de la
historia de las mujeres, una historia del género implica analizar las relaciones
entre los sexos sin limitarse a las mujeres como los sujetos históricos del
trabajo. Eneste sentido, y a partir de los aportes de Scott (2015), anali-
zamos la maternidad y la paternidad examinando cómo se construyen
las nociones de ambos roles en función de las relaciones entre varones y
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
204
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
mujeres. Entendemos que esta es también la mejor forma de desentramar
los elementos que dan cuenta del poder que unos ejercían sobre otras.
Para escribir una historia con perspectiva de género, debemos denir
de qué hablamos cuando utilizamos la palabra género como categoría
de análisis histórico. Scott (2015) dene el género como un «elemento
constitutivo de las relaciones sociales basado en diferencias percibidas
entre los sexos […] [estructurado] en cuatro elementos interrelacionados»
(p. 59): los símbolos culturales, los conceptos normativos, las institucio-
nes sociales como la familia o la escuela, y las identidades subjetivas.
Ladenición no se agota allí, la autora considera al género una «forma
primaria de relaciones signicantes de poder» (p. 62), es decir, el género
sería el primer elemento de articulación del poder, por medio del cual se
organizan y legitiman las desigualdades en la sociedad.
Para el análisis histórico, el concepto nos permite estudiar cómo las
relaciones de poder y las construcciones de género se modican con el
tiempo, evidenciando rupturas y continuidades. Eneste artículo nos per-
mite pensar cómo las relaciones de poder y las desigualdades de género
se manifestaron en las organizaciones revolucionarias, cuestionando la
construcción social y simbólica de la maternidad y la paternidad en estos
contextos y reexionando en torno a la continuidad de las lógicas tradi-
cionales y desiguales dentro de los movimientos, o revelando cambios
en las prácticas de los y las militantes.
La maternidad y la paternidad implican los «roles paterno y materno,
ejercidos por hombres y mujeres en los procesos de crianza y sociali-
zación de los hijos» (Micolta, 2008, p. 3). Eneste sentido, y como roles
sociales, las formas que tomen dependerán del momento, tiempo y
espacio histórico en el que los ubiquemos, ya que responden a cons-
trucciones simbólicas diversas, reguladas por la sociedad, y no por la
realidad biológica (Micolta, 2008).
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
205
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Según Micolta (2008), en la sociedad occidental de la primera mitad
del siglo  la maternidad y la paternidad estaban profundamente inuidas
por los roles de género, que atribuían a las mujeres una responsabilidad
hacia la crianza y el cuidado, mientras que los hombres no se sentían com-
prometidos con estas tareas. Larealidad que ligaba a las mujeres al espacio
privado y liberaba al varón al espacio público no había encontrado aún
su n, por lo que el binomio mujeres-madres no se separaba aunque las
mujeres fueran trabajadoras, estudiantes, jefas de hogar. Deigual forma,
la familia tradicional, que ve sus cimientos en la antigüedad latina y cris-
tiana, estaba profundamente asentada en la sociedad uruguaya de mitad
de siglo . Noobstante, hacia nales de los sesenta los feminismos ya
soplaban en nuestras costas, desde las corrientes provenientes de Europa
y Estados Unidos hasta las perspectivas latinoamericanas que postulaban
la transversalidad entre la lucha social y la desigualdad entre los géneros.
La acción directa, a partir de los planteos de Rodrigo Vescovi (2019),
es una forma de intervención y lucha social que busca transformar la
sociedad sin recurrir al Parlamento ni negociar con instituciones legales a
través de partidos políticos o sindicatos. Aunque frecuentemente se asocia
con el uso de la violencia,3 el concepto es más amplio y abarca métodos
tanto violentos (lucha armada) como no violentos.
En el caso de quienes militaban en movimientos ilegales, lo hacían
en situación de clandestinidad. Siguiendo a Vescovi (2019), pasar a la clan-
destinidad implicaba adoptar una vida oculta para evitar la prisión, la
tortura, la muerte o el exilio. Ser clandestino o clandestina era abando-
nar el hogar, el estudio, el trabajo, la familia, los vínculos, modicar la
apariencia física, en n, desprenderse de la identidad personal. También
hubo quienes vivieron en semiclandestinidad, combinando actividades
3 Acción directa: «Empleo de la fuerza, en forma de atentados, huelgas, sabotajes, etc., con que un grupo
social intenta obtener las ventajas que desea» (Real Academia Española, 2014).
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
206
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
públicas (laborales, familiares, sindicales) con acciones clandestinas dentro
de organizaciones ilegales.
Por un lado, de los dos movimientos estudiados, el - es sobre el
que existe mayor producción académica, por lo que ha nutrido este trabajo
con mayor cantidad de fuentes que el otro. Por otro lado, a diferencia de
la -33 y otros, el - escribió acerca del rol de las mujeres en la lucha
y también fue descrito por varios de sus dirigentes más conocidos como
una organización donde varones y mujeres estaban en pie de igualdad.
La -33 fue el brazo armado de la Federación Anarquista Uruguaya
() y la Resistencia Obrero Estudiantil (). Como plantea Tristán
(2002), no tuvo la misma actividad que el -, pero representa otra
alternativa revolucionaria con peso e historia en nuestro país: la lucha
anarquista. También se hallan testimonios de mujeres pertenecientes
al aparato armado, pero el lugar de las anarquistas en la lucha parece
no haberse discutido. Seobserva que las mujeres vinculadas a la -
aparecen como «las compañeras de…», militando desde lo que Martínez
Vázquez (2024) cataloga como el frente doméstico.
Marco metodológico
La metodología empleada para este trabajo es de tipo cualitativa, a partir
del análisis de fuentes escritas y testimonios orales previamente recopi-
lados por distintas historiadoras. Las fuentes primarias corresponden a
entrevistas realizadas a militantes mujeres y varones que participaron en
las experiencias mencionadas entre los años 1968 y 1973. Asimismo, se
lleva a cabo una revisión crítica de las fuentes secundarias y se recopilan
distintos análisis para nutrir y complejizar el trabajo.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
207
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Género y militancia: la construcción del hombre nuevo
¿y las mujeres?
¿Cómo se manifestaban las relaciones entre los sexos dentro de las expe-
riencias de militancia? Si bien este no es el tema central de la investigación,
resulta medular para analizar los roles maternos y paternos: la estructura
de la organización familiar y la decisión de tener hijos están atravesadas por
cómo se concebían y construían los géneros en los espacios de militancia.
Los testimonios dan cuenta de que hubo una cantidad signicativa de
mujeres en el - y la -33. Por ejemplo, respecto a la presencia de
mujeres en el -, Yessie Macchi (como se cita en Aldrighi, 2001) dice
«Había muchas mujeres. Incluso algunas que hoy están por ahí sueltas y que
fueron fundadoras. Por supuesto, había más hombres» (p. 208). Respecto
de la cantidad de mujeres y varones, S.4 (como se cita en Araújo, 1980)
comenta que en el -había mujeres en cada célula, al menos una o
dos, y en el frente de masas, en el sector estudiantil, había tantas mujeres
como varones.
Como otros tantos testimonios conrman, la cantidad de mujeres
en el movimiento era notoria. Enlos sectores político y de servicio5 la
cantidad de mujeres era igual o mayor a la cantidad de varones; no así
en el sector militar, aunque como algunos relatos y experiencias indican,
las mujeres participaban de las acciones militares:
Además, la participación de las mujeres en la lucha política dentro del  no es
nueva para nadie […] fue muy importante. Lamujer de - participó en los
ataques a bancos, los secuestros de torturadores, la toma del pueblo de Pando […]
y la ejecución de agentes de la . Siempre ha habido mujeres en las acciones más
peligrosas e importantes. […] Creo que el - fue la organización uruguaya
4 S. esla sigla de una de las entrevistadas por Araújo (1980) en Tupamaras: des femmes de l’Uruguay. Deahora
en más, cada vez que haga referencia a una de las entrevistadas por Araújo solo aparecerá la sigla.
5 El - se organizaba en distintos sectores, entre ellos: militar, político y de servicios. Elsector
político concentraba las tareas de formación ideológica, mientras que el sector de servicios sostenía la
infraestructura clandestina mediante tareas logísticas y organizativas como, por ejemplo, la alimentación.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
208
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
donde la participación de las mujeres fue mayor… Sí, estoy convencida de ello
(C., como se cita en Araújo, 1980, p. 195 [traducción]).6
A Yessie Macchi la acompañaron mujeres como Blanca Castagnetto,
Cecilia Giannattasio, Virginia Olivera, Plácida Estefanell y Ester Uri-
basterra, entre otras (Aldrighi, 2001). Por otro lado, en el recuerdo de
Alberto Mechoso aparecen mujeres anarquistas en la  en mayor can-
tidad que varones (Vescovi, 2019), sin embargo, esto no coincide con los
relatos y las investigaciones sobre los movimientos anarquistas, ya que
los nombres de mujeres que se mencionan son o muy pocos o siempre
en función de sus compañeros: «la compañera de…», «la mujer de…».
Pero es necesario destacar un nombre: el de María Barhoum, una de las
personas más inuyentes dentro de la -33, quien no solo participaba
del brazo armado, sino que además protagonizaba las acciones militares
más arriesgadas de la organización.
La presencia de mujeres en las dos experiencias está conrmada,
pero… ¿cómo eran las relaciones entre los géneros? Los relatos femeninos
conrman, en su mayoría, que en la práctica continuaba la diferenciación
en función de las lógicas patriarcales imperantes. Encambio, los relatos
masculinos en su mayoría recuerdan las relaciones entre los y las militantes
en pie de igualdad, como veremos a continuación.
Yessie Macchi (como se cita en Aldrighi, 2001), analizando la relación
entre los roles «típicos» de la mujer esperados por la sociedad de la época
y los nuevos roles desarrollados por las mujeres guerrilleras, establece que
«la lucha armada tiende a disminuir los roles típicos de la mujer, pero eso
solamente cuando está integrada al sector militar. Similita en el sector
servicios o político, los roles subsisten» (p.214). Ella argumenta a favor
de la destreza de las mujeres en el sector militar, ya que son «prolijas y
6 Las traducciones de Araújo (1980) fueron realizadas por la autora del artículo, ya que no hay edición
en español.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
209
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
serenas», a diferencia de los hombres, que preeren el «tiroteo» y la res-
puesta rápida. Enrelación con los vínculos con los varones arma:
Nunca tuve problemas con ningún compañero por ser mujer, ni siquiera cuando
recién entré a la organización, y lo hice directamente en el sector militar. Cuando
fui responsable tampoco los tuve por tener que darles órdenes, ni a los compañeros
venes ni a los veteranos, por el contrario, fui muy respetada (p. 215).
Sin embargo, y aunque hasta aquí la exguerrillera parece conrmar
la presencia de igualdad, en su relato termina negando que la hubiera
entre mujeres y varones en el:
En el sector militar se desdibujó su rol tradicional, pero en los sectores políticos y
de servicios, como te decía, no tanto. Daban cobertura, eran formadores de com-
pañeritos o compañeritas nuevas o fabricaban documentos falsos o se dedicaban
a manejar sustancias químicas. Tampoco en la construcción de las armas había
mujeres, esa era tarea de hombres. Seguían subordinadas en las tareas llamadas
secundarias. Aunque en realidad eran tareas fundamentales.
Se creó un mito, el de que en el  había muchas mujeres en un plano de igualdad
con los hombres. Las había, pero ¿en qué posición se colocaban? Basta mirar las
direcciones que tuvimos, todas fueron íntegramente de hombres. Pocas mujeres
estuvimos en cargos de responsabilidad, pero muchos hombres pasaron por ellos
en distintas etapas (p. 215).
A partir de este primer testimonio nos es posible establecer que las
mujeres dentro del movimiento desdibujaban su rol tradicional —de
desigualdad— si, y solo si, se encontraban participando del sector militar
y de las acciones comprendidas como «masculinas». Eneste sentido, a las
mujeres que portaban un arma y eran capaces de disparar y, por ende,
de ser responsables de un grupo eran desfeminizadas y masculinizadas, lo
que implicaba el ser merecedoras de respeto e igualdad por parte de los
compañeros. Sin embargo, aquellas que no participaban de esas tareas
continuaban ancladas a características «femeninas», por lo que no recibían
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
210
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
el mismo trato ni las mismas responsabilidades. Esde destacar también
que las mujeres nunca participaran como dirigentes.
En relación con la igualdad brindada en función de la cantidad de
características masculinas que presentasen las mujeres, merece una lectura
el análisis de S. (como se cita en Araújo, 1980):
La imagen de la guerrilla no se corresponde del todo con la imagen que tenemos
de la llamada mujer normal. […] le dimos un valor místico, ya ves, la guerra de
guerrillas, como si fuera imposible que una mujer pudiera tomar una posición
y participar activamente en los acontecimientos: así que, obviamente, cuando
lo hizo, ¡el salto, el salto fue tan, pero tan inmenso[…]! Te dio un lado folclórico
y te impidió verte como mujer, con toda naturalidad, y militante con la misma natura-
lidad. […] Por ejemplo, las jefas militares eran miticadas, muy respetadas. […]
Las imágenes de estas mujeres eran contradictorias, por un lado, la Negra, por
ejemplo, una verdadera sargento, una chica fea y autoritaria, que no sabía vestir,
tenía moto, era un poco viril, más bien asexual; del otro lado, la muchacha hermosa
y, dicen, «muy puta» (es decir: querer bien y libremente a los hombres). […] La
mujer que esperaba casarse, tener tres hijos pequeños y […] esperar por las tardes
junto al fuego, con la comida caliente, a su marido, esta mujer no encajaba en el
mln. Las mujeres que se integraban buscaban algo más, pero como no había diez
mil caminos tomabas el modelo que más te convenía. Estabas obligada a adherirte
a los valores masculinos, a desfeminizarte en todos los ámbitos, a reprimir los valores
tradicionales, pero nada más: sin crear, sin buscar nuevos valores en ti, en tu cuerpo, en
tu emoción, en tu sexo (pp. 214-215 [traducción; énfasis añadido]).
El comentario de S. esmuy interesante y rico para analizar múltiples
aristas. Nos conrma la premisa de que la mujer guerrillera se desprende
de los valores asociados a la «mujer normal», tradicional; algo que podría
haber abierto las puertas al pensamiento crítico de la desigualdad, sin
embargo, no lo hizo. Incluso tendió a nuevas formas de manifestación
del poder patriarcal. Seconstruyeron dos posibilidades: o ser una mujer
viril, despojada de características femeninas como la «debilidad», o ser una
femme fatal, una mujer al servicio del placer ajeno, cosicada. Apartir de
este testimonio vemos que si bien el movimiento implicó una liberación
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
211
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
del rol tradicional, y a pesar de tratarse de un movimiento en pos del
cambio social, no signicó para las mujeres una posibilidad de pensar
críticamente su rol social.
Asimismo, hay exguerrilleras que testican no haber sido liberadas
del rol tradicional, por ejemplo, Alicia Chiesa (como se cita en Vidaurrá-
zaga, 2019) recuerda que «siempre las que tenemos que limpiar los baños
somos nosotras, o ellos llevan los erros y el […] ego ese de que llevan
el arma, ¿no?, eso se notaba» (p. 19); al igual que Alicia, María (como se
cita en Cardozo, 2010),7 extupamara, arma que para ella «el concepto
de hombre y mujer, de roles […] que existían en la sociedad… funciona-
ban ahí dentro, se reproducían ahí dentro. […] Yo creo que los roles se
mantuvieron» (p. 9).
Las exmilitantes que desde el futuro construyeron una mirada crítica
de su pasaje por el movimiento no se sentían en pie de igualdad. Pero…
¿Qué recuerdan los varones? Julio Marenales le comenta a Aldrighi (2001)
que «había igualdad entre hombres y mujeres. Elproblema era solo de
capacidad, si la compañera estaba capacitada asumía responsabilidades»
(p. 230). Ensu recuerdo, lo que nos está diciendo, es que las mujeres no
ocupaban la dirección o mayores responsabilidades porque no eran capa-
ces, dado que aquellas que demostraron capacidades tuvieron cargos de
responsabilidad. Menciona a la Parda María Topolansky o a la «compañera
de Amodio» (Marenales no la llama por su nombre, sino en función de su
vínculo con un varón). Mepregunto, ¿frente a quienes debían las mujeres
demostrar sus capacidades? Abundan los relatos de las compañeras que
narran las «pruebas» que los dirigentes les ponían para permitirles ingresar
en el sector militar.
Otra declaración interesante de Marenales se encuentra cuando re-
ere al nombramiento de Topolansky como responsable del cantón en
7 Nombre cticio, elegido por quien la entrevista, Mariana Cardozo (2010).
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
212
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
su ausencia: «Nunca me lo dijeron, pero calculo que a algunos hombres
les pudo caer pesado» (p. 230). ¿Por qué caería pesado el nombramiento
de una persona en una organización que tomaba esas decisiones en fun-
ción de las capacidades y no del género? Aldrighi (2001) le preguntó al
exguerrillero si la mujer contribuía en algún modo especíco a la vida
de la organización, y este respondió «en nada especial. Hacía lo mismo
que los hombres» (p. 231). Elcontrapunto para responderle a Julio sería:
¿también ocupaba puestos de dirección?
En la entrevista, la autora también le pregunta por la existencia de una
«moral más puritana que en el resto de la sociedad en la relación entre
los sexos y en todos los aspectos de la vida» (p. 231), a lo que él responde
de forma armativa, alegando que no se encontraba por escrito, pero sí
en sus convicciones y sus acciones consecuentes.
Los relatos de las mujeres desmienten la consecuencia del actuar de
los militantes. Alicia Chiesa (como se cita en Vidaurrázaga, 2019) men-
ciona que dentro de la organización las que debían limpiar los baños eran
las mujeres, mientras que los varones ocupaban los lugares asociados al
prestigio simbólico del arma. Enla misma línea, María (como se cita en
Cardozo, 2010) comenta que los roles de hombre y mujer vigentes en
la sociedad funcionaban dentro de los movimientos, se mantenía una
división sexual del trabajo que no era cuestionada en la práctica militante.
Por otro lado, más autocrítica resulta la visión de Zabalza que puede
leerse en Aldrighi (2001):
En cuanto a las relaciones durante la militancia, a veces te resultaba muy difícil
que tu compañera te discutiera, que tuviera ideas propias. Mirándolo desde la
vista del superhombre, del machismo que imperaba en la sociedad, con el hombre
siempre en papel dominante. […] Es tan profunda la educación para el poder
que tenemos los hombres, que el hecho de que una mujer te cuestione no te cae
bien. Enel  había muchas mujeres muy fuertes, de mucho carácter. Aveces
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
213
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
reproducían los métodos de poder del hombre: Yessie, la negra Mercedes, la aca
Juliana, tenían responsabilidades (p. 195).
Si bien reconoce una forma de relacionamiento donde el varón se po-
sicionaba por encima, también conrma el análisis realizado más arriba: las
mujeres que alcanzaban cargos de poder eran aquellas con atributos normales
en los varones. Ytermina por conrmarlo de forma textual: «Cierto que
las que llegaron a una responsabilidad tenían cualidades de poder que se
asimilaban a la forma de actuar de los hombres, era así» (p. 195). Zabalza,
reexionando sobre el porqué de la desigualdad dentro de la organización,
concluye: «Lo cierto es que aún no existía una reexión sobre el feminismo
en aquella época. Lasociedad uruguaya se resistía al feminismo en sus
elementos de análisis. Nadie manejaba sus conceptos ni categorías» (p. 196).
En contraposición al pensamiento de Zabalza, R. (como se cita en
Araújo, 1980), responsabiliza a la propia indenición ideológica del -,
lo que puede agregarse a los planteos de Aldrighi (2001): «El  no ofre-
ció sucientes elementos de reexión y criterios de interpretación de la
realidad, dejándose guiar por un acentuado pragmatismo» (p. 92). Eneste
sentido, es notoria la falta de una reexión en torno a las desigualdades
de género debido aque
el - trató muy supercialmente los problemas de las mujeres. Había posi-
ciones correctas, valores humanos que el Che ya había planteado (el Hombre
Nuevo) […] y entre estos valores estaba implícita la igualdad de la mujer. Pero
en la vida diaria… siempre era la mujer quien asumía las «tareas grises» (R. como
se cita enAraújo, 1980, p. 6 [traducción; énfasis añadido]).
La inexistencia de una teoría con perspectiva de género preservó una
práctica que reproducía lo aprendido socialmente y que, por ende, no
contribuía a modicar las relaciones de poder. Sibien dentro del - se
escribió sobre el rol de las mujeres en la lucha y se promovió una imagen
de igualdad entre varones y mujeres, esos planteos no implicaron una
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
214
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
reexión profunda sobre las estructuras patriarcales ni sobre las des
-
igualdades de género presentes en la militancia. Esto se tradujo en una
incapacidad para generar nuevas alternativas que problematizaran el
patriarcado y la opresión de las mujeres. Quedaba únicamente la intención
de liberar a las mujeres, sin ningún análisis teórico profundo que ayudara
a comprender las raíces de la desigualdad.
Con respecto a la lucha armada anarquista del Uruguay, la memoria
que prevalece es la que reere la experiencia masculina, cosa que reeja
la invisibilización de la participación y el aporte de las mujeres. Martínez
Vázquez (2024) plantea que tampoco hubo un cuestionamiento sobre las
relaciones de género a la interna del movimiento, se creía ya resuelta la
desigualdad. Para los varones anarquistas, la desigualdad de género no
era un problema para el anarquismo, mucho menos en ese contexto, en
el que las mujeres participaban del aparato armado. Esa idea era errónea
no solo porque con las mujeres ocurría lo mismo que con las militantes
dentro del - (eran masculinizadas para ser aceptadas), sino porque
en esta organización se nombró mucho menos a las compañeras; todas
pasaron a la historia como «compañeras de…»: «Estas [mujeres dentro de
la  y la -33] suelen no tener nombre y menos aún identidad propia,
son la “mujer de” Juan Carlos, “la mujer del” Pocho, “la mujer de” Soba»
(Vázquez, 2024, p. 98). Algunas mujeres participaron activamente en ope-
rativos clandestinos, otras asumieron roles menos visibles, como ofrecer
cobertura, ocultar armas o refugiar militantes, utilizando su condición
de madres o esposas como herramienta táctica.
Así como la participación de las mujeres en la lucha armada entre
1968 y 1973 representó un desafío a las normas de género tradicionales,
al integrarse en espacios históricamente reservados para los hombres, el
ideal del «hombre nuevo» promovido por estas organizaciones no siempre
contempló plenamente las experiencias y necesidades de las mujeres.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
215
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
La«mujer nueva» reproducía valores masculinos o —bajo un discurso de
liberación sexual— era cosicada en función de los deseos de los varones.
Ellas enfrentaron las tensiones y contradicciones entre el discurso
igualitario de la militancia y las prácticas cotidianas que reproducían
desigualdades patriarcales a la interna del movimiento.
Entre la militancia y la familia
¿el frente en la calle o elfrente doméstico?
Este apartado analiza cómo se resolvía la organización de las tareas del
hogar entre militantes que se encontraban en pareja.
Existen diversos testimonios que permiten sostener que, en el marco
de los movimientos que adoptaron la lucha armada como vía de acción
política, fueron las mujeres las que debieron enfrentar la decisión entre
maternar o militar, dos actividades que en el contexto de clandestinidad
eran incompatibles. Fueron militantes que debieron elegir dejar de parti-
cipar activamente como lo hacían, que pasaron a ser mujeres vinculadas
a la organización, pero sin actividad directa.
En cambio, el varón, capitán de lo público, como veremos en los
relatos, no enfrentaba la difícil decisión de abandonar el espacio privado
(el hogar, la familia, los hijos), porque no estaba asociado a su deber ser.
Lafamilia había sido para el varón su responsabilidad económica en pos
de la supervivencia de los integrantes, de aquí su vínculo con el trabajo
—lo público—. Cuando la opción revolucionaria tocó las puertas de lo
masculino, uno de los motivos para asumirla también se encontraba en la
responsabilidad con el futuro de la familia. Escomún escuchar argumentos
tales como «por la construcción de un mundo mejor para los hijos».
Si bien las mujeres ya participaban del espacio público desde hacía
décadas —no solo por el ejercicio de su ciudadanía, sino también por su
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
216
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
presencia en el ámbito laboral—, esto no implicó su desvinculación del
ámbito privado. Laentrada de las mujeres a lo público supuso, más bien,
una carga adicional. Cuando la revolución tocó la puerta de lo femenino,
se abrieron otras posibilidades que muchas mujeres exploraron, enfren-
tando las tensiones entre su deber ser en lo privado y su —nuevo— deber
ser en lo público, pero… ¿qué decisiones tomaron?
Como vimos en el apartado anterior, las mujeres militantes o cercanas
a la -33 no tuvieron lugar en las memorias de la organización más
allá de su relación con los varones. Así lo demuestra Martínez Vázquez
(2024), quien logró entrevistar a Beatriz Castellonese, la China, Martha
Casal, Marta Rodríguez Villamil, María Laguna y Hortensia Pereira, co-
nocidas por ser «las mujeres de» Juan Carlos y Alberto Mechoso, Gerardo
y Mauricio Gatti, Adalberto Soba y León Duarte. Ellas no participaban
de la organización armada: algunas no querían porque no estaban de
acuerdo y otras entendían que eran ellas quienes debían hacerse cargo de
la familia. Las que no estaban de acuerdo aceptaban resignadas la decisión
de ellos, protegiéndolos y justicando su accionar (Martínez Vázquez,
2024). Deesta forma también aceptaron la profundización del trabajo
reproductivo en un contexto de incertidumbre y miedo.
Como nos cuenta Martínez Vázquez (2024), ellas «se autoperciben
como acompañantes. Desde el “frente doméstico” ellas hicieron posible
la “entrega”, el “sacricio” militante de los varones, y sostuvieron al con-
junto de la militancia a través de tareas cotidianas de cuidados» (p. 111).
Eneste sentido, estas mujeres ocuparon su lugar en la lucha desde un
lugar de contención y sostén, poniendo en riesgo su legalidad al mantener
vínculos con militantes clandestinos.
Vescovi (2019) relata cómo los entrevistados dan cuenta de la decisión
que tomaban con sus parejas, donde uno se abocaba a la lucha armada
y la otra al cuidado de los hijos. Enestas situaciones eran las mujeres las
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
217
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
que se quedaban en el hogar. ¿Y qué pasaba cuando ambos se dedicaban
a la lucha armada? La abuela tomaba el papel de gura de contención,
perpetuando la presencia femenina.
En el caso del -, la situación diere, en cuanto una mayor cantidad
de mujeres asumió la lucha guerrillera. Sin embargo, muchas asumían la
semiclandestinidad para continuar al cuidado de los hijos. Elrelato de M.
(como se cita en Araújo, 1980) resulta interesante para analizar el panorama:
En un momento estábamos analizando el problema de los niños, porque siempre
eran las mujeres las que tenían que cuidarlos. Yrecuerdo que, en mi célula,
decidimos discutirlo. Los hombres teóricamente consideraban que era necesario
compartir la educación de los hijos; de hecho, fueron mujeres quienes lo hicieron,
mujeres que hicieron campaña y trabajaron al mismo tiempo. Pero no había mu-
chas mujeres activistas con hijos. Las mujeres siempre tienen la responsabilidad de los
niños, sean activistas políticas o no. Esla mujer quien asume la responsabilidad de la
educación del niño y, en el mejor de los casos, su compañero activista revolucionario
o no revolucionario solo la ayuda a ella. Desde el momento en que una mujer decide
ser madre debe asumir y aceptar el rol tradicional de madre. Lamaternidad es,
por tanto, vivida como un peso que impide la práctica política y un verdadero
obstáculo para realizarse como mujer en otros ámbitos. Deahí la idea de que la
mujer del - no tuviera hijos en general (p. 189 [traducción; énfasis añadido]).
En primer lugar, M. nos conrma que se trataba de un tema de-
batido dentro de la organización, precisamente porque constituía un
problema a afrontar. Nuevamente la contradicción está dada entre una
teoría consciente (de la situación vivida por las mujeres) y su práctica
inexistente (falta de hechos y acciones para revertir esta situación): los
varones reconocían la necesidad de compartir las tareas de crianza, pero
rara vez las asumían. Eran las mujeres (muchas veces con el apoyo de otras
compañeras) quienes se organizaban para continuar con la educación y
el cuidado de las infancias. Eneste sentido, cuando se alude a una teoría
consciente no se hace referencia a una elaboración teórica formal sobre el
género o la maternidad, sino a un reconocimiento discursivo dentro de la
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
218
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
organización acerca de la desigual distribución de las tareas de cuidado,
que no se tradujo en transformaciones concretas.
En segundo lugar, a partir de lo dicho por M. (como se cita en Arjo,
1980) podemos decir que las mujeres viven la maternidad como un peso
porque obstruye su interés por la política. ¿Si varones y mujeres asumieran
las responsabilidades parentales en condiciones de igualdad, se viviría la
maternidad como un peso?
En tercer lugar, ser madre signicaba tener que asumir esta tarea en
detrimento de las demás, por ese motivo, según el relato, lo veían como
un obstáculo en su propia realización como militante. Lamaternidad
funcionaba como un punto de inexión en la trayectoria militante de las
mujeres, ya que al convertirse en madres primaba el mandato tradicio-
nal que las colocaba necesariamente en ese rol en detrimento de otras
dimensiones de su vida, especialmente la práctica política. Deahí la idea
de que la mujer del - no tuviera hijos en general.
Como analizan Ruiz y Sanseviero (2012), los relatos dan cuenta de la
división de tareas a partir de las pautas tradicionales: «La militante mujer
desde el momento en que se convertía en madre asumía estas funciones,
así como toda la responsabilidad de la educación y crianza de los hijos»
(p. 55). Por otro lado, más allá del peso que signicaba el mandato social,
no siempre era una decisión discutida por las mujeres o que dependiera
de su voluntad. Ejemplo de ello es el siguiente testimonio de S. (como se
cita en Araújo, 1980):
Los primeros dos meses [de embarazo] tuve algunas pérdidas importantes, pero
no quería dejar de hacer campaña. Cuando mi embarazo se hizo visible, me
transrieron a «Servicios». Micompañero tenía bajo sus órdenes al líder del
grupo, este le dijo: «me la envías a Servicios», y esto sin consultarme primero.
Mesacaron del sector militar sin pedir mi opinión (p. 223 [traducción]).
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
219
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Si bien S. nodejó de militar, sí dejó de hacer una actividad a partir de
decisiones ajenas; su cuerpo, y no su decisión. Lamisma mujer relata su
embarazo como un proceso solitario. Sucompañero, también en clandesti-
nidad, no estaba en los mismos espacios que ella. También menciona que se
sintió infantilizada por sus compañeros de célula al anunciar el embarazo.
Como hemos visto hasta aquí, las desigualdades de género, presentes
a la interna del movimiento, no modicaron las responsabilidades en la
crianza de los hijos. Las mujeres, en algunos casos, continuaban con la
militancia y la maternidad signicaba un obstáculo que muchas veces
se superponía al accionar político, obligándolas a dejar la lucha armada.
Enotros casos también las que no eran madres terminaban realizando
tareas maternales, pues se organizaban para acompañar y ayudar a las
compañeras con hijos (en esto no participaban ni los padres de las infancias
ni otros varones).
Nuevamente vemos que, al igual que en el apartado anterior, el varón
del - reconocía la igualdad en la teoría, pero no existía una correlación
entre la palabra y la acción. Los varones que tenían hijos superponían la
militancia a la paternidad, era una decisión que no les signicaba grandes
dicultades. Las mujeres debían decidir entre una cosa o la otra, y rara
vez podían realizar ambas, por el peligro real o por decisiones ajenas.
¿Maternidades y paternidades deseadas?
Este apartado tiene por objeto despertar la necesidad de futuras investi-
gaciones que se centren en por qué, en un contexto de peligro, miedo,
incertidumbre y muerte, se decide traer vida nueva. ¿Signica un acto de
total egoísmo o del más puro amor?
En primer lugar, examinemos la armación sobre la «decisión» de ser
madres y padres. Enesta época existían ya diversos métodos anticonceptivos
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
220
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
yen la década del sesenta llegó la pastilla anticonceptiva, con lo que «por
primera vez, hombres y mujeres [pudieron] independizar totalmente su
vida sexual de la vida reproductiva» (Pellegrino, 2003, p. 6). Esto implicó
cierto grado de libertad e independencia para las mujeres en función de
la posibilidad de decidir sobre la maternidad (Cardozo, 2010).
Los y las militantes conocían sobre anticonceptivos, y conversaban el
tema entre las parejas. Relata V. (como se cita en Araújo, 1980): «Mi primer
encuentro sexual lo tuve a los 21 años, con mi actual marido. Hablé con él
sobre el método anticonceptivo a seguir y luego ambos hablamos mucho
sobre mi maternidad, sobre lo que signica tener un hijo» (p. 161 [traduc-
ción]). Eneste relato podemos ver que no solo sabían sobre los métodos,
sino que además conversaron sobre la decisión de tener un hijo. Esto último
se repite en varias experiencias; pocas mujeres relatan sus embarazos como
hechos accidentales, por lo general se reeren a estos como deseados.
Inclusive en aquellos relatos en los que el embarazo fue accidental,
la decisión de la pareja devenía en tener al bebé. Sibien el aborto no era
legal, era una práctica posible —aunque insegura y costosa— para realizar
en el contexto. Amodo de ejemplo, una militante argentina, Teresa, relata
que para ella «militar como militaba, tenía que tener una concepción muy
dura, que era no tener hijos. Eso me signicó siete abortos» (Diana, 2006,
como se cita en Vidaurrázaga, 2015, p. 24). Larealidad no era muy distinta
de este lado del río: hubo mujeres en la clandestinidad que abortaron al
enterarse del embarazo por el riesgo que implicaba y porque signicaba
dejar de militar para pasar a maternar.
Detrás de las decisiones de maternar y paternar, encontramos diferen-
tes argumentos. Celeste Zerpa () tuvo a su hijo en la clandestinidad
en 1972. Ante el fallecimiento de su compañero, sostenía la calma apo-
yándose en una convicción colectiva: «Éramos una gran familia […] ese
sentimiento de pertenencia me decía que cualquiera de mis compañeros
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
221
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
podía ser buen padre para ellos, si yo faltaba. Éramos una familia, no iban
a quedar huérfanos» (Zerpa, como se cita en Sapriza, 2009, p. 72).
En el libro de Maternidad en prisión política: Uruguay 1970-1980, apa-
recen los siguiente relatos:
G. J.: El embarazo conrmado fue un triunfo para mí y para mi compañero. Eran
ya tiempos muy duros. ¿Quién moriría primero? Hablábamos lo más racionalmente
posible sobre probabilidades, pero no entraba en los cálculos abandonar la lucha
[…] decidimos tener un hijo porque queríamos dejarnos el uno al otro lo mejor.
[…] N. D.: Quisimos tener un hijo, […] como para perdurar, digamos, porque
uno estaba dispuesto a morir, yo qué sé… uno estaba dispuesto a todo, no había
un límite (Jorge et al., 2010, pp. 110-112).
En Cardozo (2010) encontramos el relato de María:
Los compañeros que salieron de Punta Carretas, uno de sus objetivos era tener
hijos. Querían… así fuera que al otro día se murieran, pero dejar… diríamos…
algo de ellos vivo […]. Yoquería tener un hijo, porque quería tener un hijo,
porque formaba parte de mi realización […]. Pero no porque lo viera como una
trascendencia, un dejar algo mío. Son dos enfoques totalmente distintos. Lode
los hombres es una elaboración intelectual sobre eso, sobre trascender en la
concreción de… de tener a alguien que los suceda (p. 12).
En Palabras cruzadas se nos presentan algunos diálogos anónimos
donde ex presas políticas atraviesan el tema de la maternidad. Estos tes-
timonios del taller Memorias para Armar (2005) maniestan lo siguiente:
[a.] Lo podés ver de muy diferentes formas. Sipara vos lo importante era la
vida y estabas dispuesto a hacerlo. Qué mejor que traer un hijo al mundo. Qué
mejor compromiso con la vida. Pero a la vez en esa opción estabas embarcando
al chiquilín. Que el loco se siente abandonado (p. 190).
[b.] Yo cuando me metí en la organización ya tenía hijos. Yestaba muy convencida
de mis ideas. Pensaba que era lo correcto. Que lo hacía por ellos, además. […]
Porque estábamos convencidos que lo íbamos a lograr. Íbamos a lograr un mundo
mejor para nuestros hijos. Ypara todos. Yno nos salió (pp. 208-209).
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
222
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
[c.] No quedé embarazada porque sí. Sino que realmente pensábamos tener hijos.
Por los mismos motivos que otras compañeras pensaban no tenerlos. Nohay una
regla en eso. Esuna decisión que te trasciende. Nodecíamos, «los vamos a tener
para que los cuide la abuela». No, no. Los vamos a tener porque los hijos hay
que tenerlos con lo que se vive y cuando se vive. Esel momento (pp. 209-210).
El único relato de un varón es el de Zabalza, quien le dice a Aldrighi
(2001):
Importante para mi vida afectiva fue la decisión que tomamos con mi compañera
de tener una hija. Yla tuvimos. Creemos que valió la pena. Eso fue un debate… la
madre es Miriam Raquel Fernández Pelusa, quien estuvo años presa en Punta de
Rieles. Nuestra hija desde los 6 meses de edad fue criada por mi madre. Cuando
salimos en libertad tenía 15 años (p. 194).
Las razones detrás de la decisión de tener hijos e hijas oscilaron entre
el compromiso con la vida y el miedo a perder esa vida, la convicción de
la victoria revolucionaria, la necesidad de trascendencia y descendencia,
la presión social de verse realizadas (en el caso de las mujeres) con su
deber ser y el deseo de no dejar al otro o la otra en soledad.
La necesidad de trascendencia aparece comentada por María como
algo propio del deseo de paternar, como si el varón proyectase en su
descendencia la prolongación de su ser (entiéndase, de sus ideas y va-
lores). Tener un hijo, para los varones (a partir de lo que María relata),
signicaba herencia para manifestarla en lo público, se trataba de un
deseo público. Encambio, para ella un hijo es parte de su realización
como mujer, atravesada por un mandato tradicional. María vio nacer su
deseo por maternar a partir de su propia condición de mujer. Realizarse
era ser mamá. Esto vincula a las mujeres nuevamente al espacio privado
por su deseo también individual y privado.8
Siguiendo en la línea de la trascendencia, los testimonios como el
de  y  dan cuenta del deseo de perpetuarse, de dejar algo vivo en
8 Interesa especialmente el análisis que realiza Marina Cardozo (2010) de lo dicho por María.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
223
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
un contexto de muerte inminente; la vida traía esperanza y, sobre todo,
fortaleza (Jorge et al., 2010, pp. 110-112).
Por último, el relato de Jorge Zabalza añade una perspectiva mas-
culina, y destaca la importancia afectiva de la decisión, pero también las
implicancias de la separación forzada durante años de prisión y clandes-
tinidad. Él—y ningún otro varón— no se enfrentó al hecho de parir en
clandestinidad o en cautiverio, a las torturas que resultaban ser contra dos,
a la posibilidad de perder ese embarazo o verse despojado del bebé una
vez que naciera o a los tres o seis meses. Sin embargo, todas las mujeres
maniestan haber conversado la decisión, por lo que es posible asumir
una paternidad también deseada.
Conclusiones y reflexiones finales
La investigación nos permite realizar algunas armaciones acerca de las
tensiones, contradicciones y nociones que rodearon a la maternidad y la
paternidad dentro de dos experiencias de organización revolucionaria en
nuestro país (1968-1973).
Cada caso nos permite reconocer la interacción constante entre las
contradicciones de una sociedad en vías de transformación. Lanecesidad
de transformar la sociedad en todos sus planos se enfrentaba a las limita-
ciones de una educación patriarcal arraigada, que en la práctica vencía.
Los mandatos del deber ser femenino enfrentaban a las mujeres a
una lucha constante entre dos mundos que parecían incompatibles: o
maternar y cumplir con el rol tradicional para el que habían sido educa-
das, o rebelarse y elegir la militancia y enfrentar la incertidumbre de no
poder crear ni recrearse en un rol que sintieran como justo e igualitario
con sus compañeros. Sielegían el primero, traicionaban sus ideales y
conrmaban la ausencia de una libertad en tanto mujeres; si elegían el
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
224
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
segundo, no tenían la tranquilidad de que sus hijos serían cuidados por su
padre o debían afrontar críticas y tensiones de sus propios compañeros,
entre quienes persistían los mismos mandatos patriarcales que decían
querer transformar.
En el - y la -33 las mujeres se vieron constantemente enfren-
tadas por esta nueva identidad, mujeres guerrilleras, en espacios que las
nombraban como iguales a los varones por la misma posibilidad de muerte
y la valentía de disparar. Mas la palabra se marchaba con los ideales, ya
que la práctica demostró que no eran organizaciones igualitarias: los
varones mantuvieron una posición privilegiada en el espacio público de
la militancia, mientras que las mujeres debían lidiar con la doble carga
de militar y maternar, o incluso renunciar a una dimensión.
En este sentido, es posible armar que la opción por la acción directa
y la situación de clandestinidad en el - y la -33 inuyó signica-
tivamente en la organización de la vida familiar y en las decisiones sobre
tener o no hijos o hijas, así como en la decisiones en torno a la crianza.
Asimismo, las mujeres-madres-militantes adquirieron peso y respon-
sabilidades distintas en función de las exigencias a las que se veían some-
tidas como mujeres. Encambio, el varón-militante-¿padre? no enfrentó
las mismas paradojas en torno a su paternidad.
Referencias
Aldrighi, C. (2001). Laizquierda armada: ideología, ética e identidad en el mln-Tupa-
maros. Trilce.
Araújo, A. M. (1980). Tupamaras: des femmes de l’Uruguay. Des Femmes.
Cardozo, M. (2010). «Su lugar en la lucha»: reexiones en torno a las militantes
en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros entre nes de los 60
y comienzos de los 70 en Uruguay [Ponencia en congreso]. Actas de las III
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
225
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Jornadas de Historia Género y Política en los ‘70. Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
Jorge, G. (Coord.), Díaz, N., Malcuori, M., Fiori, S., & Valdes, G. (2010). Maternidad
en prisión política: Uruguay 1970-1980. Trilce.
Martínez Vázquez, A. (2024). Participación de mujeres y roles de género en la
lucha armada anarquista en Uruguay, décadas de 1960 y 1970. Contemporánea,
18(1), 96-112. https://ojs.fhce.edu.uy/index.php/cont/article/view/2473
Memorias para Armar. (2005). Palabras cruzadas. Senda.
Micolta, A. (2008). Apuntes históricos de la paternidad y la maternidad. Prospectiva.
Revista de Trabajo Social e Intervención Social, (13), 8-121.
Pellegrino, A. (2003). Caracterización demográca del Uruguay. EnPrograma de po-
blación. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. https://
www.anep.edu.uy/historia/clases/clase20/cuadros/15_Pellegrino-Demo.pdf
Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.
a
ed.). https://
dle.rae.es/acci%C3%B3n#:~:text=acci%C3%B3n-,directa,-f.%20Empleo
Ruiz, M., & Sanseviero, R. (2012). Las rehenas: historia oculta de once presas de la
dictadura. Fin de Siglo.
Sapriza, G. (2009). Memorias de mujeres en el relato de la dictadura (Uruguay,
1973-1985). Violencia/cárcel/exilio. DEP.Rivista Telematica di Studi Sulle Memo-
rie Femminili, (11), 64-80. https://www.unive.it/pag/leadmin/user_upload/
dipartimenti/DSLCC/documenti/DEP/numeri/n11/07_Dep_11_2009Sa-
priza.pdf
Scott, J. W. (2015). Elgénero: una categoría útil para el análisis histórico. EnM.
Lamas (Comp.), Elgénero: la construcción cultural de la diferencia sexual (pp.265-
302). Pública Género.
Vescovi, R. (2019). Acción directa en Uruguay, 1968-1973. Lazo Negro.
Vidaurrázaga, T. A. (2015). Subjetividades sexo genéricas en mujeres militantes
de organizaciones político-militares de izquierda en el Cono Sur. LaVentana.
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
226
Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
Revista de Estudios de Género, 5(41), 7-34. http://www.scielo.org.mx/scielo.
php?script=sci_arttext&pid=S1405-94362015000100007&lng=es&nrm=iso
Vidaurrázaga, T. A. (2019). ¿Somos iguales detrás de una 45?: la participación
femenina en el - uruguayo. Athenea Digital: Revista de Pensamiento e
Investigación Social, 19(3), 0015. https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2362