
Historia & Docencia. Diciembre 2025 | año 15 | n. 14 | pp. 200-226
DOI: 10.56149/3046-420x.2025.01.08
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Janine ZitoDíaz
Maternar y paternar haciendo la revolución en Uruguay entre 1968 y 1973…
el mismo trato ni las mismas responsabilidades. Esde destacar también
que las mujeres nunca participaran como dirigentes.
En relación con la igualdad brindada en función de la cantidad de
características masculinas que presentasen las mujeres, merece una lectura
el análisis de S. (como se cita en Araújo, 1980):
La imagen de la guerrilla no se corresponde del todo con la imagen que tenemos
de la llamada mujer normal. […] le dimos un valor místico, ya ves, la guerra de
guerrillas, como si fuera imposible que una mujer pudiera tomar una posición
y participar activamente en los acontecimientos: así que, obviamente, cuando
lo hizo, ¡el salto, el salto fue tan, pero tan inmenso[…]! Te dio un lado folclórico
y te impidió verte como mujer, con toda naturalidad, y militante con la misma natura-
lidad. […] Por ejemplo, las jefas militares eran miticadas, muy respetadas. […]
Las imágenes de estas mujeres eran contradictorias, por un lado, la Negra, por
ejemplo, una verdadera sargento, una chica fea y autoritaria, que no sabía vestir,
tenía moto, era un poco viril, más bien asexual; del otro lado, la muchacha hermosa
y, dicen, «muy puta» (es decir: querer bien y libremente a los hombres). […] La
mujer que esperaba casarse, tener tres hijos pequeños y […] esperar por las tardes
junto al fuego, con la comida caliente, a su marido, esta mujer no encajaba en el
mln. Las mujeres que se integraban buscaban algo más, pero como no había diez
mil caminos tomabas el modelo que más te convenía. Estabas obligada a adherirte
a los valores masculinos, a desfeminizarte en todos los ámbitos, a reprimir los valores
tradicionales, pero nada más: sin crear, sin buscar nuevos valores en ti, en tu cuerpo, en
tu emoción, en tu sexo (pp. 214-215 [traducción; énfasis añadido]).
El comentario de S. esmuy interesante y rico para analizar múltiples
aristas. Nos conrma la premisa de que la mujer guerrillera se desprende
de los valores asociados a la «mujer normal», tradicional; algo que podría
haber abierto las puertas al pensamiento crítico de la desigualdad, sin
embargo, no lo hizo. Incluso tendió a nuevas formas de manifestación
del poder patriarcal. Seconstruyeron dos posibilidades: o ser una mujer
viril, despojada de características femeninas como la «debilidad», o ser una
femme fatal, una mujer al servicio del placer ajeno, cosicada. Apartir de
este testimonio vemos que si bien el movimiento implicó una liberación