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Estrategias discursivas para sostener
la violencia de Estado en contextos
democráticos posdictadura,
Uruguay (1985-2005)
Silvana Edurne Pera Rodríguez1
Resumen
Durante la última dictadura, la represión en toda su magnitud fue un pilar
nodal del terrorismo de Estado. Enaquellos tiempos, hubo una serie de es-
trategias discursivas para presentar, explicar, justicar o legitimar el uso de
la violencia por parte de los agentes represivos del Estado ante la ciudadanía.
En la democracia posdictadura, la represión en manos del Estado no ha
desaparecido y resulta signicativo, al analizar nuestro presente, identicar
que se utilizan para su legitimación las mismas estrategias discursivas de
procesos que creíamos superados. Esto implica un problema para el sistema
democrático actual y para el verdadero respeto de los derechos humanos.
Las estrategias discursivas para el sostenimiento de la violencia de Es-
tado constituyen una rémora para la democracia, en tanto obstáculo
inmaterial que impide, diculta o limita el nuevo proceso.
Esta investigación es parte de un proyecto mayor que analiza diversos as-
pectos de la calidad de la democracia posdictadura en el Cono Sur. Enesta
oportunidad, se compartirá el rastreo realizado en los textos producidos
por las principales autoridades del Poder Ejecutivo en Uruguay durante
los gobiernos democráticos que van de 1985 a 2005. Enesencia, se han
recopilado las categorías, términos, representaciones y evaluaciones ins-
critas o evocadas por esas autoridades exclusivamente cuando reeren
a acciones represivas llevadas adelante solo por agencias de seguridad
públicas que comprometieron la integridad física de los sujetos afectados.
Palabras clave: violencia de Estado – represión en democracia –
estrategias discursivas
1 Profesora de Historia egresada del Instituto de Profesores Artigas (). Profesora efectiva, grado 7, en
Educación Secundaria. Profesora efectiva de Historia Americana y de Prehistoria e Historia Antigua en
Consejo de Formación en Educación (). Posgrado en Historia Económica por la Facultad de Cien-
cias Sociales (), de la Universidad de la República (Udelar). Magíster en Estudios Latinoamericanos
Contemporáneos, por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (), de la Udelar.
Doctoranda en Educación con énfasis en investigación narrativa biográca y autobiográca, en la
Universidad Nacional de Rosario (), Argentina.
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Discursive Strategies to Exert State violence in
post-Dictatorship Democratic Contexts,
Uruguay (1985-2005)
by Silvana Edurne Pera Rodríguez
Abstract
In the last dictatorship, repression in its full magnitude was a crucial
aspect in State terrorism. Inthose times there was a series of discursive
strategies to present, explain, justify or legitimate the use of violence
by repressive State agents on citizens.
In post-dictatorship democracy repression at the hands of State has not
vanished and it is signicant to analyse our present and identify the use
of the same discursive strategies of processes that we thought had gone
by. This implies a problem for the current democratic system and for the
respect of Human Rights. Discursive strategies to exert State violence
hinder democracy since it is an immaterial obstacle that avoids, makes
it dicult or limits the new process.
This research is part of a larger scale project that analyses diverse aspects
of the quality of democracy in the post-dictatorship in the Southern
Cone. Weare here sharing our tracking of texts by the main authorities
of the Executive Power in Uruguay during the democratic governments
from 1985 to 2005. The categories, terms, representations and evalua-
tions registered or referred to by authorities have been collected, espe-
cially those that mention repressive actions exerted by public security
agents who put the physical integrity of individuals in danger.
Keywords: State violence – repression in democracy – discursive
strategies
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
Introducción
Antes de comenzar a desarrollar el producto de la investigación, corres-
ponde hacer algunas precisiones metodológicas, temporales, geográcas
y conceptuales. Locompartido aquí es parte de un estudio compara-
tivo mayor entre Uruguay y Argentina en sus veinte años posdictadura,
1985-2005 y 1983-2003 respectivamente (Pera, 2017). Eneste artículo
se recuperan las estrategias discursivas utilizadas para presentar, explicar,
justicar o legitimar el uso de la violencia por parte de los agentes re-
presivos del Estado en las democracias posdictadura de Uruguay como
foco de interés, y de Argentina como referencia en diálogo con aquel.
Noprofundizaremos en el caso argentino en esta oportunidad.
La idea de estrategia discursiva la utilizamos en el sentido en que lo
dene Ruth Wodak (2010: 134), como «un plan intencional de prácticas
(incluyendo las discursivas) que se adoptan para conseguir un objetivo
particular, social, político, psicológico o lingüístico». Enesta denición
encontramos dos elementos implícitos. Por un lado, el diseño estraté-
gico, conformado por un mapa de decisiones vinculadas a las opciones
discursivo-lingüísticas. Este mapa responde a la pregunta «¿Cómo lograr
mi objetivo?». Por otro lado, está el objetivo, que responde a la pregunta
«¿Para qué hacer esto?».
El interés está puesto en aquellos discursos que, enunciados por
miembros del gobierno, remiten a casos de violencia ejercida por el
aparato del Estado. Laviolencia estatal que atenderemos es aquella
que puede ser catalogada como «represión». Este concepto es amplio
y reere a un sinnúmero de acciones físicas, psicológicas, materiales e
inmateriales. Enesta investigación los episodios de represión rastreados
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e incorporados como reejo de la violencia estatal son aquellos donde se
afectó la integridad física —implica una acción concreta sobre el cuerpo
del reprimido—. Asu vez, hablamos de «violencia estatal» cuando es
ejercida por agentes del aparato del Estado en el cumplimiento de sus
funciones. Apartir de esta circunscripción conceptual, se recopila toda
producción textual que remita a esos casos y que haya sido producida
por las autoridades vinculadas directamente al Poder Ejecutivo, dándole
voz al aparato del Estado. Lainvestigación ha recuperado de la prensa
de la época los discursos que constituyen las fuentes. Seconsigna en las
notas el medio de prensa, el título del artículo, la fecha de impresión y
el nombre del emisor (autoridad del Poder Ejecutivo).
Una vez conformado el corpus de textos, se registra y analiza cómo
en democracia los miembros que ocupan el aparato del Estado legitiman
ante la opinión pública su acción represora en Montevideo, durante los
gobiernos democráticos que van de 1985 a 2005. Lareferencia al caso
argentino solo aparecerá como contrapunto, para evidenciar de forma
general cómo se va dando la experiencia en paralelo con Uruguay.
Hemos podido mapear las opciones discursivo-lingüísticas que
constituyen las estrategias discursivas de la democracia con el objetivo de
naturalizar y legitimar la represión en un contexto donde se esperaría
que esta fuera la última medida. Además, hemos constatado que no son
estrategias discursivas nuevas, sino que recuperan las que fueron utiliza-
das durante la última dictadura, ya sea originadas allí o con una historia
incluso más añeja. Suutilización para el sostenimiento de la violencia de
Estado en las actuales democracias de Uruguay y Argentina constituye
una rémora, en tanto obstáculo inmaterial que impide, diculta o limita
el nuevo proceso. Lohace de forma silenciosa, porque la estrategia dis-
cursiva actúa en el inconsciente del receptor, y termina constituyendo
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un entramado cultural que inhabilita el pensar la vida verdaderamente
en clave de respeto a los derechos humanos.
Represión en la apertura democrática y el primer
gobierno transicional, 1985-1990
En Uruguay, el 1 de marzo de 1985, Julio María Sanguinetti asumía como
primer presidente electo luego de nalizada la última dictadura. Adi-
ferencia de Argentina, este primer gobierno no promovió ni sostuvo
ningún juicio a los militares que cometieron delitos de lesa humanidad.
Nohubo desde el gobierno algún castigo a las Fuerzas Armadas (FF. AA.),
ni judicial, ni moral, ni verbal. Sanguinetti había ganado las elecciones con
el lema «un cambio en paz» y eso implicaba desmilitarizar los espacios
de la reciente democracia, sin poner en cuestión a la institución militar,
a sus miembros y a sus acciones.
El 19 de mayo de 1985, en el acto conmemorativo del Día del Ejército,
el único orador fue el teniente general Hugo Medina. Subrayó lo impor-
tante y lo positivo de la acción de las FF. AA. para el advenimiento de la
democracia y se quejó de los ataques que estaba recibiendo la institución
de parte de «los mismos enemigos de adentro y de afuera que otrora de-
bió combatir».
2
Más tarde, protagonizó un escándalo que formó parte de
una crisis institucional, cuando declaró que poseía en una caja fuerte las
citaciones judiciales a los militares acusados de violaciones a los derechos
humanos. Suconducta era un acto de desacato e insubordinación ante
el presidente, en tanto comandante en jefe, y ante la Suprema Corte de
Justicia. Nadie cuestionó su discurso en 1985, ni su desacato en 1986, y en
1987 se lo premió con la designación como ministro de Defensa. En1991,
2 (19/5/85). «Medina: “la democracia no llegó por presión”». ElPaís.
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en una entrevista de circulación pública,
3
declaró haber participado de
torturas y haber mandado torturar. Así, entre silencios, impunidad y
barrida bajo la alfombra, nacía la nueva democracia uruguaya. Del otro
lado del río Uruguay, Raúl Alfonsín usaba como estrategia discursiva
fuerte la culpabilización, por lo terrible del pasado reciente, a las Fuerzas
Armadas, recurriendo a la construcción de un «nosotros» que se oponía
a un «ellos» responsabilizado de generar dolor. Enesa oportunidad, el
«nosotros» era el pueblo argentino, la sociedad toda; el «ellos» eran las
Fuerzas Armadas, el mundo militar con sus miembros activos e inactivos.
Citemos un ejemplo que ilustre esta estrategia:
Venimos [nosotros] de toda una etapa histórica caracterizada por frecuentes y
prolongadas intervenciones militares [ellos] en el poder político de la Nación,
que aparte de sus negativas consecuencias institucionales han terminado, en
los hechos, por generar una crisis de profundidad y dimensiones excepcionales.
[…] Por haber faltado [ellos] a la observancia estricta de esta regla fundamental,
hemos [nosotros] padecido innitos males, dolorosas deformaciones y verda-
dera decadencia.4
Al otro día de asumir como presidente, Sanguinetti rmó un paquete
de diez medidas que derogaban las disposiciones del régimen de facto.
Sereestablecían las ilegalizadas asociaciones políticas y sociales, y se
subrayaba el carácter democrático republicano del pluralismo ideológico,
la tolerancia y el respeto a todas las ideas. Sin embargo, esta nueva insti-
tucionalidad no impidió la realización de razias, operativos donde luego
de cerrar una calle, manzana o local, se trasladaba a la gente de forma
forzosa hasta las comisarías o dependencias policiales. Allí podían quedar
incomunicados de 24 a 72 horas mientras se los registraba, identicaba,
procesaba e investigaba. Fueron comunes los «apretes», término con el
3 Entrevistado por César Di Candia. (1991). Búsqueda.
4 (10/12/83). Mensaje presidencial del Dr.Raúl Alfonsín a la Honorable Asamblea Legislativa.
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que se describían acciones represivas sobre los cuerpos: golpes, situaciones
de humillación o tortura.
La desmilitarización de los espacios democráticos dio lugar a la ac-
ción represiva policial, encargada ahora de aplicar los antiguos métodos
aprendidos, para sostener la seguridad interna. LaPolicía como fuerza
no sufrió alteraciones. Nohubo reformas signicativas o recambio de sus
cuadros, por lo que las prácticas aprendidas por el capital humano que
actuó en la dictadura mantuvieron su vigencia. Eneste primer gobierno
democrático las denuncias de maltrato y muerte a manos de la policía
fueron numerosas. Según Sempol (2006), la violencia institucional fue
parte del accionar policial, que demostró graves dicultades para inte-
grarse a la legalidad democrática.
El discurso en este período
En los diversos textos generados por las autoridades del Poder Ejecutivo,
como los ministros del Interior Carlos Manini Ríos y Antonio Marchesano,
o el presidente Sanguinetti, podemos identicar dos grandes estrategias
discursivas para legitimar la acción represiva que ahora estaba en manos
del cuerpo policial. Enprimer lugar, se construyó un relato que hacía
énfasis en la inseguridad y el riesgo que corríamos como uruguayos de
perder la democracia recién conquistada. Ensegundo término, se defendió
de manera explícita el accionar policial.
Dentro de la primera estrategia discursiva, se volvió a la idea de que
existía un enemigo interno. Noera un recurso discursivo nuevo, remitía
a las herramientas usadas dentro de la Doctrina de la Seguridad Nacional,
pero tuvo su aiornamento para el período democrático. Sibien las razias
como acciones represivas se orientaron en la práctica hacia los jóvenes, en
el discurso ellos no fueron demonizados, sino el delito y el sindicalismo.
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Desde el gobierno se hablaba de una «población alarmada» por el fenó-
meno de la delincuencia,5 de la existencia de un «ciudadano honesto» en
contraposición a los que no lo eran,6 y sindicatos de concepción «marxista»
que no era la que «el país votó» que generaban desorden por medio de
«una avalancha de huelgas».7 De a poco el peligro marxista desbordó el
espacio sindical y llegó a los estudiantes de Educación Secundaria. San-
guinetti consideraba que era proselitista poner carteles y decir «viva el
Che Guevara». Repetía de manera enfática: «No, eso no es legal. Eso no
es legal. Eso no es legal […] Eso no es legal aquí ni en ninguna parte».8
En el mismo texto calicaba a parte de la población como «violentos»,
subrayando que eran una «minoría». Suviolencia ponía en peligro a las
«instituciones» y consideraba que no debíamos dejarnos «arrastrar por
el acto de ignorancia que supone pensar que la simple ocupación o expresión
de protesta es un acto de construcción, […] Y el país no quiere anarquía, ni
autoritarismo, quiere democracia y Ley».
Se adjuntan dos tablas elaboradas como dispositivos para ilustrar lo
planteado. Nodisponemos de espacio suciente para acompañar con
otras tablas el resto del artículo, pero pueden recuperarse de la tesis de
maestría de Pera (2017).
5 (4/6/85). «Valorizar la Reconquista de las libertades. Sanguinetti dijo que hubo diversos logros en
paz». ElPaís. Envoz del ministro del Interior, Manini Ríos.
6 (21/7/87). «Drásticas medidas contra los delincuentes». ElPaís. Envoz del ministro del Interior,
Marchesano.
7 (8/6/85). «Parte de la paciencia que se tuvo con la dictadura pidió Sanguinetti a los gremios». ElPaís.
Envoz del presidente de la República, Sanguinetti.
8 (1/11/85). «¿Cómo podemos amenazar con elecciones?». ElPaís. Envoz del presidente de la República,
Sanguinetti.
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Tabla 1. Representación de los actores sociales peligrosos durante el gobierno
de Julio María Sanguinetti, 1985-1989. Eldelito.
Autoridad Cita
1. Ministro del
Interior (Manini
Ríos)9
«La población está alarmada además por el crecimiento del fenómeno
de la delincuencia, fundamentalmente en Montevideo».
2. Ministro
del Interior
(Marchesano)10
«esas quejas del ciudadano honesto que se ve molestado, pero ese mismo
ciudadano honesto tiene que comprender que esa molestia es solo el
resultado de medidas que van dirigidas a su propia seguridad y que a
priori no se puede determinar quiénes son o no ciudadanos cuestiona-
bles desde el punto de vista de su conducta».
3. Ministro
del Interior
(Marchesano)11
«Tenemos menos delitos ahora que los que teníamos en el ’86 pero más
que en años anteriores. Elaño pasado estuvimos muy preocupados, en
un momento determinado incluso temimos que apareciera una gura
muy peligrosa no solo para la ciudadanía sino para las instituciones y
que es la justicia por la propia mano».
4. Ministro
del Interior
(Marchesano)12
«En 1985 se nota un crecimiento de la delictividad, del orden del 31,95 %.
En1986 continúa creciendo —todavía no apareció la Ley de Procesa-
miento sin Prisión— y lo hace en un 10,75 % sobre las cifras anteriores.
En1987, el crecimiento es casi mínimo: un 0,73 %. Yen 1988 decrece
un 3,75 %. Pero observen los señores senadores que de 1984 a 1985 las
rapiñas aumentan un 106,82 %, de 1985 a 1986, un 69,84 %, es decir,
casi un 70 %».
9 (4/6/85). «Valorizar la Reconquista de libertades. Sanguinetti dijo que hubo diversos logros en paz».
ElPaís.
10 (21/7/87). «Drásticas medidas contra delincuentes». ElPaís.
11 (24/4/88). «Reportaje especial a Marchesano. Laola de violencia es mundial, hay una nueva naturaleza
del delito». ElPaís.
12 (19-20/7/89). Interpelación al ministro del Interior, Antonio Marchesano. Diario de Sesiones de la
Cámara de Senadores. Tomo 323.
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Tabla 2. Representación de los actores sociales peligrosos durante el gobierno
de Julio María Sanguinetti, 1985-1989. Elsindicalismo y los gremios estudianti-
les.
Autoridad Cita
5. Presidente
(Sanguinetti)13
Sanguinetti calicó como «una avalancha de huelgas» que comenzó el
mismo 1 de marzo «antes de que pudiéramos cometer ningún error».
Hay una concepción marxista de la economía «como muchos dirigentes
sindicales la tienen y así lo expresan. Meparece muy respetable. Pero
el país no votó por esa concepción marxista, sino que lo hizo por una
posición económica desarrollista como la que se viene llevando a cabo».
6. Presidente
(Sanguinetti)14
«Porque aquí lo que se está atacando es al Codicen, porque no se
quiere que haya una autoridad que responda a las grandes mayorías del
país. Yyo les digo a todos, aquí, que a la Enseñanza la vamos a seguir
defendiendo del mismo modo que la hemos defendido hasta ahora.
[…] ¿O es que acaso ahora es legal también poner carteles proselitistas y
decir “viva el Che Guevara”? No, eso no es legal. Eso no es legal. Eso no
es legal, amigos, y eso lo decimos con toda tranquilidad de conciencia.
Y no le tenemos miedo a esos reproches y a esos adjetivos que suelen
aparecer en estas circunstancias. Eso no es legal aquí ni en ninguna
parte. […]
Y entonces, con toda serenidad, le decimos a los partidos y se lo decimos
a todos los dirigentes políticos: a los de mi viejo partido, a los del Partido
Nacional y a los del Frente Amplio, porque en ninguno de los tres par-
tidos son mayoría los violentos. Los violentos son minoría en el país y
son minoría en todas las corrientes, aun en las de la izquierda. Atodos
les digo, dirigentes políticos del país: ustedes saben que el gobierno está
inspirado en los más profundos sentimientos democráticos. Saben que
cuentan con nosotros para defender las instituciones. Nonos dejemos
entonces arrastrar por esas minúsculas expresiones de intolerancia, no
nos dejemos arrastrar por la iracundia, no nos dejemos arrastrar por
el acto de ignorancia que supone pensar que la simple ocupación o
expresión de protesta es un acto de construcción, en una enseñanza
que precisa ideas, libertad, fecundidad para trabajar y desarrollarse. […]
Y el país no quiere anarquía ni autoritarismo, quiere democracia y Ley».
13 (8/6/85). «Parte de la paciencia que se tuvo con la dictadura pidió Sanguinetti a los gremios». ElPaís.
14 (1/11/85). «¿Cómo podemos amenazar con elecciones?». ElPaís.
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
Al mismo tiempo que se iba presentando la peligrosidad para el orden
y la institucionalidad del accionar de delincuentes, sindicatos y estudiantes,
se iba reriendo a las acciones del gobierno como inspiradas en los más
profundos sentimientos democráticos, legitimados por el voto, voz de
las mayorías, defensores de la democracia y laley.
Por lo tanto, la primera estrategia discursiva, que implica presentar
la peligrosidad de un enemigo interno, se apoya en subestrategias dis-
cursivas donde se recupera la representación del marxismo como peligro,
y se lo relaciona con el accionar de minorías que actúan fuera de la ley
(como podría haberlo hecho en esta representación discursiva, por ejem-
plo, el Movimiento de Liberación Nacional [] en los años sesenta).
Estos recursos tocan bras internas en la población que revive temores
vinculados al pasado inmediato. Pero además fragmentan a la población,
apoyándose en un relato donde hay un «nosotros democrático, pacíco
y honesto» frente a un ellos «antidemocrático, violento y deshonesto».
La fortaleza de esta primera estrategia discursiva está en presentarla
unida a la segunda con la que actúa de manera conjunta, y es legitimar
el accionar policial en nombre de la democracia y el ciudadano honesto.
Durante el gobierno de Sanguinetti hubo dos momentos marcados
por diferentes ministros del Interior. Elprimer período va del 1/3/85
al 2/4/86, correspondiendo al ministerio de Manini Ríos. Elsegundo
momento va del 2/4/86 al nal del gobierno de Sanguinetti, el 28/2/90.
Este comienza con la designación de Marchesano como ministro del
Interior, e incluye los ministerios de Francisco Forteza y Flavio Buscasso.
Durante todo el primer quinquenio democrático, la acción policial es-
tuvo bajo la mirada atenta de la prensa y la sociedad, que en general
se manifestó en contra de aceptar acciones represivas o con tintes de
persecución ideológico-política. Muestra de esto es que la renuncia del
primer ministro sucede unos meses después de haber sido interpelado
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
por el accionar policial ante la desocupación de estudiantes del Instituto
de Profesores Artigas. Enesa interpelación, si bien no se lograron los
votos para censurarlo, sí se declararon insucientes sus explicaciones.
Posteriormente, el siguiente ministro dirá que encuentra dicultades
para utilizar ciertas prácticas represivas, debido a la censura que sobre
ellas ejerce la ciudadanía.15 El tercero fue Francisco Forteza, también
interpelado el 30/8/89 por la muerte de Jorge Inciarte Castel en una
cárcel de Montevideo. Elcuarto, Flavio Buscasso, duró cuatro meses y
vino a cerrar el período de gobierno.
A partir de la designación de Marchesano la intervención policial en
marchas y movilizaciones pasó a ser una medida de última opción, pero las
razias fueron el mecanismo de control social y represión policial preferidos.
Eran más fáciles de esconder porque sucedían en la noche o la madrugada.
Cuando eran sorpresivas, no tenían tanta cobertura mediática; y cuando
eran avisadas, se decía que estaban buscando delincuentes. Así, desde el
gobierno y la prensa se generaba en el discurso una identicación entre la
razia, como mecanismo represivo, y la seguridad pública, escondiendo el
trasfondo político de la medida. Por ejemplo, uno de los bares donde se
hizo una razia fue La Ponderosa, en Villa Colón, que había prestado sus
instalaciones para la recolección de rmas durante la campaña del voto
verde contra la Ley de Caducidad. Larazia era también profundamente
conservadora porque perseguía a un tipo de sujeto (joven, pobre) y no
un tipo de delito. Sedetenía a los sujetos por su ser o parecer, y no por su
hacer. Lanueva democracia amparó esta forma de represión por decreto
n.º690 en 1980, la impulsó fuertemente desde 1986 y se volvió parte de
la cotidianidad en 1987.
15 (3/7/87). «Marchesano: algunos violentos actúan en horas apropiadas». ElPaís. Envoz del ministro
del Interior, Marchesano.
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
No hubo grandes críticas hacia las razias ni desde el sistema político
ni desde las organizaciones de izquierda. Según Aguiar y Sempol (2014), la
explicación puede encontrarse en que se estaba canalizando la energía en
llevar adelante el plebiscito contra la Ley de Caducidad. Serán los propios
afectados quienes deban asumir la denuncia de la razia. Constituirá un
tema central de la movida juvenil a partir de 1988, y se verá alimentada
por las fuerzas de los militantes que fueron derrotados en el voto verde.
Así nace la Coordinadora Antirazzias.
Todo este escenario de represión y de tardía acción social y política
en su contra estuvo acompañado de la segunda estrategia discursiva
que anteriormente presentábamos. Desde el gobierno se sostenía que
«la Policía es neutral», que tenía mucha «capacidad y ecacia»,16 que era
«protectora de la población»,17 que había que darle el «más emocionado
y ferviente abrazo y la más emocionada felicitación para agradecerles
en nombre de toda la población».
18
La estrategia discursiva utilizó las
apreciaciones positivas más que los juicios o las valoraciones de afecto,
porque aquellas implican valorar el objeto: la institución policial. Además,
se utilizaron mecanismos de gradación en el discurso que aumentaban la
fuerza de la apreciación positiva, como sucede con el «más emocionado»
o la «mucha» capacidad.
En Argentina, el gobierno de Alfonsín también utilizó como estrategia
discursiva el acercamiento a la Policía para transformarla en garante del
orden interno, mientras que al mismo tiempo sostenía la responsabili-
zación del pasado dictatorial a las Fuerzas Armadas. Pero, a diferencia
de Uruguay, Alfonsín se enfocaba en los miembros y no en la institución
16 (23/3/85). «Manini Ríos: la Policía es neutral, ni con los obreros ni con los patronos». ElPaís. Envoz
del ministro del Interior, Manini Ríos.
17 (4/6/85). «Valorizar la Reconquista de las libertades. Sanguinetti dijo que hubo diversos logros en
paz». ElPaís. Envoz del ministro del Interior, Manini Ríos.
18 (19/12/87). «Marchesano: “el gobierno usa mano rme para el respeto de la Ley y asegurar el Derecho
de todos los ciudadanos”». ElPaís. Envoz del ministro del Interior, Marchesano.
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policial. Sudiscurso utilizaba menos apreciaciones y más juicios, que
sirven para evaluar el comportamiento humano en relación con las nor-
mas o la estimación social. Los miembros de la Policía aparecen en el
discurso de las autoridades argentinas como «abnegados», «patriótico»,
dan «pruebas de cumplimiento», «ecacia», «familia», «magníca acción»,
«alto grado de responsabilidad».19
En Uruguay el peso de lo institucional es algo que podemos rastrear
a lo largo de la historia, la importancia del «Estado», de la «escuela pú-
blica», del «Parlamento» es muy fuerte en el imaginario colectivo. Enla
transición democrática, el objetivo de la estrategia discursiva se apoyó
en esta histórica relevancia de las instituciones y fue evidente cómo las
puso por delante de las personas. Salvar «la democracia» por encima
de las minorías violentas, o el respeto del «presidente» que fue elegido
por la mayoría de los «ciudadanos», o el resguardar la «Constitución».
Entiempos de dictadura, ya habíamos escuchado de boca de los militares
golpistas lo importante que había sido para ellos salvar las «instituciones».
Es justamente por esa importancia que se le da a lo institucional que,
dentro de la segunda estrategia discursiva, el mecanismo de legitimación
más usado es por autoridad impersonal, aquella que otorgan las leyes,
reglas, normas. Elrazonamiento implícito es el siguiente: si respetar
las leyes es un deber, entonces el policía no hizo más que cumplir con
su deber. Aparecen en minoría mecanismos de legitimación morales
(«es normal», «es correcto») o racionalizaciones instrumentales por
propósito («tienen la obligación», «para asegurar el derecho»). Enambos
casos, el razonamiento es circular y no requiere justicación. Nadie
19 Pueden encontrarse estos juicios en los textos de las siguientes fuentes: (24/01/84). Palabras del
Sr.Presidente de la Nación en el Departamento Central de la Policía Federal, Archivo General de la
Nación (). | (24/01/84). Declaraciones del Sr.Presidente de la Nación a los periodistas en el Salón
Dorado del Departamento Central de la Policía Federal, . | (9/8/84). Nota enviada por el Sr.Pre-
sidente de la Nación a los Ministros del Interior y Defensa, referida al comportamiento de la policía y
gendarmería de Tucumán, .
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
pregunta por qué no estaría bien hacer «lo correcto» o lo que se «debe
hacer por obligación».
Para nalizar, la segunda estrategia discursiva también se levanta
sobre justicaciones y excusas. Las justicaciones son un articio verbal
donde, por un lado, se admite la responsabilidad y, al mismo tiempo, por
otro, se niega la incorrección del acto. Para ser claros, la justicación
implica una exposición del tipo yo tuve la culpa, pero no estuve mal. Por
ejemplo, cuando el ministro Marchesano dice:
ese mismo ciudadano honesto tiene que comprender que esa molestia es solo el
resultado de medidas que van dirigidas a su propia seguridad y que a priori no
se puede determinar quiénes son o no ciudadanos cuestionables desde el punto
de vista de su conducta.20
La excusa es un acto verbal diferente, donde se admite la incorrección
de la acción, pero se niega la responsabilidad. Eneste caso, implica una
exposición de este tipo: fue un error, pero yo no tuve nada que ver. Ejemplo
de esto es la declaración de Manini Ríos
21
cuando, por un lado, dice:
«estamos analizando en detalle […] [a] un legislador, que denuncia haber
sido agredido por la policía», e inmediatamente agrega que el accionar
fue «a pedido expreso del Codicen» transriendo la responsabilidad.
Represión en tiempos de la pospolítica, 1990-2000
En los años noventa, tanto en Argentina como en Uruguay, se vive un
recrudecimiento de las políticas neoliberales que van a generar entre
otras cosas la reducción del Estado, privatizaciones, reformas educa-
tivas, primacía del mercado, desempleo, aumento de la pobreza y la
20 (21/7/87). «Drásticas medidas contra los delincuentes». ElPaís. Envoz del ministro del Interior,
Marchesano.
21 (28/10/85). «Clima de tranquilidad en desalojo de ». ElPaís. Envoz del ministro del Interior, Manini
Ríos.
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desigualdad. Demasi, Rico y Rossal (2004) identican que en Uruguay
no hubo en consecuencia un aumento de la protesta social, y llaman
«pospolítica» a un período que va de 1989 al 2002-2004, donde se transita
desde la política institucional hacia el buen orden y la obediencia pasiva
de la sociedad posdictadura.
Podríamos suponer que ante una sociedad adormecida y poco re-
activa, el Estado no tuvo que sostener sus medidas apoyándose en la
represión. Sin embargo, fue el tiempo de la «mano dura». Velasco (2006)
sostiene que se maniesta en América Latina una democracia frágil pero
duradera, con gobiernos que discursivamente se presentan como de-
mocracias y mantienen todo el ceremonial que a ella va relacionado
(elecciones, campaña, etc.), pero son en su accionar autoritarios. Prueba
de ese autoritarismo son las medidas vinculadas a la represión, como la
impunidad para las FF. AA. (amnistías, indultos), la aceptación del gatillo
fácil, la imposibilidad de someter la lógica militar a la civil, la vigencia
de la vigilancia de ciudadanos. EnUruguay, en 2022, se conocieron una
serie de documentos que demostraban la existencia de vigilancia y chaje
bien entrada la democracia.
En Uruguay, la desmovilización social fue evidente en el movimiento
estudiantil. Entoda la década hubo dos coyunturas muy concretas donde
se puede percibir mayor conictividad, los años 1996 y 1997, que impli-
caron ocupaciones de los centros de estudios en contra de la reforma
educativa propuesta por Germán Rama. Muchos centros educativos
fueron desalojados, pero sin detenidos o víctimas de represión física que
se hiciera pública.
En esa década tuvo mayor visibilidad el movimiento obrero. Enun
contexto de encarecimiento de la vida y menor rendimiento del salario,
protagonizó varias marchas y protestas. Sin embargo, tampoco con estas
acciones se generaron episodios de represión policial física en el espacio
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
público. Esto no quita que la represión pueda haberse encerrado en las
comisarías, por ejemplo, quedando fuera de la mirada pública (aspecto
que requiere una investigación aparte). Enel espacio público no hubo
una actitud represiva por parte del Estado que haya sido constante y
evidente durante los años noventa. Trujillo (2013) plantea que este nuevo
escenario puede explicarse por la creciente tendencia a la judicialización
de la política. LaJusticia pasa a ser el agente que se convoca para resolver
conictos con actores individuales o movimientos sociales.
El mayor episodio represivo en la década del noventa en Uruguay
sucedió en 1994, bajo el ministerio del Interior de Ángel María Gianola,
y es el que utilizaremos para identicar las estrategias discursivas de
este período. Elsuceso ha pasado a la historia como la «represión del
hospital Filtro». Lapoblación montevideana se había acercado a las
afueras del hospital para manifestar su apoyo a un grupo de ciudadanos
vascos que hacían huelga de hambre porque iban a ser extraditados a
España para ser juzgados por su supuesta participación en la agrupación
Euskadi Ta Askatasuna (). El20/8/94, el ministro maniesta que no
concederá asilo político y, en consecuencia, la central de trabajadores
- convoca a un paro general de 24 horas con concentración y
marcha hacia el hospital. Elgobierno lleva, en la noche del 24 de agosto,
una brutal represión que deja cientos de heridos y al menos un muerto,
Fernando Morroni.
Encontramos en los años noventa las dos estrategias del período
anterior, con profundizaciones. Encuanto a la presentación del enemigo
interno, el gobierno, desde la voz del presidente Luis Alberto Lacalle,
introduce la gura del «terrorismo tanto nacional como internacional».22
Se persiguen y clausuran dos frecuencias de radio,  44 y  36, por
22 (26/8/94). «Lacalle: “la discrepancia civilizada de ideas, siempre; asonadas y asesinatos como instru-
mento político, nunca más, compatriotas: el terrorismo no pasará”». LaRepública. Envoz del presidente
de la República, Luis Alberto Lacalle.
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
un «claro acto de instigación pública a la violencia y a la desobedien-
cia».23 La estrategia discursiva para legitimar la represión implicó, por
un lado, la representación de los actores sociales como peligrosos por
sus acciones. Entre esos actores sociales casi nadie se salvaba, estaban
los terroristas, los ciudadanos vascos, los medios de comunicación, el
, los legisladores del Movimiento de Participación Popular (),
las organizaciones sindicales, el -, los maestros y profesores, los
civiles, los menores de edad, los manifestantes, los padres. Todos estos
actores sociales fueron responsabilizados en el discurso al ser vincu-
lados a acciones como «instigar a la violencia», «convocar militantes»,
«embarcarse en una campaña de agitación», «resistencia para doblegar
la voluntad del Estado», «ejercer de forma ilegítima la representación»,
«prestar apoyo a la actitud irresponsable», «atentar grosera y torpemente
contra las potestades de la Constitución».
El relato sostenido por el gobierno llevaba al enemigo adentro de
cada casa. Podía ser tu hijo menor de edad, tu padre, tu maestro, tu
profesor, tu compañero de trabajo. Loque todos esos actores sociales
tenían en común era su contraposición al orden y la ley. Esto servía de
argumento para sostener la segunda estrategia discursiva que era reforzar
y legitimar el accionar policial. Lalegitimación discursiva por autoridad
fue la más usada. Entre ellas, la de autoridad impersonal («dentro de
la ley todo, fuera de la ley nada»),24 por autoridad personal («se reiteró
que no se iban a autorizar mediaciones ni a permitir dilaciones»),25 por
autoridad de experto (se citan artículos del Código Penal que denen
23 (7/9/94). Llamado a Sala del ministro del Interior Ángel María Gianola. Punto 26: hechos de violencia
ocurridos en los alrededores del Hospital Filtro el 24 de agosto de 1994. Cámara de Representantes,
24 (26/8/94). «Lacalle: “la discrepancia civilizada de ideas, siempre; asonadas y asesinatos como instru-
mento político, nunca más, compatriotas: el terrorismo no pasará”». LaRepública. Envoz del presidente
de la República, Luis Alberto Lacalle.
25 (7/9/94). Llamado a Sala del ministro del Interior Ángel María Gianola. Punto 26: hechos de violencia
ocurridos en los alrededores del Hospital Filtro el 24 de agosto de 1994. Cámara de Representantes.
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qué es «sedición»26 para sostener que corresponde a las fuerzas del orden
su erradicación). Aunque los mecanismos de legitimación por autoridad
son varios, todos tienen la particularidad de conformar explicaciones
cerradas, son incuestionables por lo que no requieren justicación extra.
Sila ley lo dice, si el ministro lo dice, si lo dice el Código Penal, entonces
no hay más que discutir.
Dos semanas después, el 7 de setiembre, el ministro fue interpelado
y el gobierno respaldó sus acciones. Luego de esto, también en setiembre,
en el diario La República se revelaron fotos donde aparecían hombres
vestidos de civiles, parapetados atrás de las patrullas, disparando a los
manifestantes desde el mismo lado que los policías uniformados. También
se supo que hubo una embestida a caballo de la policía sobre la población
que estaba sentada en una plaza cerca del hospital. Todo daba para supo-
ner que el desborde de violencia había sido un espectáculo creado por el
propio Ministerio del Interior, a efectos de distraer y sacar a los vascos
del hospital para su extradición. Las nuevas pruebas, sin embargo, no
promovieron que alguien desde el Estado reconociera la responsabilidad
de sus propios agentes en los episodios del 24 de agosto de 1994.
En Argentina, los episodios de represión en cantidad y violencia fue-
ron más que en Uruguay durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Allí
también discursivamente apareció la gura del «terrorismo» que adquiría
así dimensión regional. Enagosto de 1995, desde Argentina se convocaba
a representantes de la región a participar del seminario «Consultas sobre
la cooperación para prevenir y eliminar el comunismo». Como resultado
se plantearon mecanismos de cooperación entre estados. Adiferencia de
Uruguay, en el país vecino se fue habilitando con mayor claridad el ingreso
de las Fuerzas Armadas como nuevo agente para la represión interna.
26 (7/9/94). Llamado a Sala del ministro del Interior Ángel María Gianola. Punto 26: hechos de violencia
ocurridos en los alrededores del Hospital Filtro el 24 de agosto de 94. Cámara de Representantes.
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Represión en tiempos de crisis económica, 2000-2005
Los primeros años del siglo  estuvieron signados por una fuerte crisis
económica que se manifestó con mayor fuerza en el año 2002. EnAr-
gentina, este contexto trajo una intensa agitación social y un profundo
quiebre de la legitimidad política que se evidencia en los sucesivos go-
biernos, desde Fernando de la Rúa hasta Eduardo Duhalde. Por su parte,
en Uruguay la crisis se manifestó en el espacio político por una mayor
colaboración y un disenso limitado (Panizza, 2014: 12), y en el espacio
social por bajos niveles de desorden materializados en algunos saqueos.
Delos tres períodos que hemos abordado, este es el que resulta más
diferente entre ambas orillas del ConoSur.
El período 2000-2005 corresponde al gobierno de Jorge Batlle. Además
de coincidir con la crisis nanciera del 2001-2002, hubo un brote de aftosa
durante el 2000-2003 que afectó negativamente las exportaciones gana-
deras. Elcontexto económico de carestía propició varias movilizaciones
sociales. Hubo también ocupaciones de centros educativos, en escuelas
técnicas (Universidad del Trabajo del Uruguay, ), facultades y centros
de Formación Docente. Yaestaba resultando evidente, en el período an-
terior, que la opción por la represión física en el espacio público era cada
vez menos usada por el aparato del Estado. Sibien en estas ocupaciones
se recurrió como antes al desalojo por parte del Ministerio del Interior,
sobre todo se optó por profundizar una medida que ya había comenzado
a mostrarse antes: la judicialización.
El consejero Jorge Carbonell en octubre de 2002 comunicó su inten-
ción de recurrir a la Justicia dado que, si bien las ocupaciones no consti-
tuían delito, ya habían sido declaradas ilegítimas en dos fallos judiciales
en 2001. Esta nueva forma de inhabilitar la protesta social generó que
el movimiento estudiantil se replegara y que el movimiento sindical le
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entregara al - el poder de su representación. Lacentral de traba-
jadores fortalecida institucionalmente asumió su liderazgo con mayor
presencia y se hizo cargo de impulsar un referéndum para derogar ar-
tículos de la Ley de Presupuesto 2001-2005. Yasí como desde el Estado
se resolvió institucionalizar los mecanismos de recorte de las libertades
utilizando a la Justicia, también hubo una tendencia a institucionalizar
la movilización obrera a partir de la acción de la cúpula representante
del -. Lointeresante es ver cómo los diferentes actores de los mo-
vimientos sociales abandonaron o redujeron signicativamente la acción
directa y colectiva en el espacio público.
A modo de cierre
Algunas lecturas del pasado latinoamericano en el largo plazo plantean
que desde la época colonial hemos estado viviendo bajo diferentes mo-
dos de dominación, todos correspondientes y en diálogo con el sistema
capitalista (Ansaldi y Giordano, 2012). Dela dominación colonial, a la
oligárquica, a la populista, a la neoliberal… Lo que tienen en común
estos modos es que siempre están en manos de la elite y que deenden
los principios del sistema que los genera. Pero, además, comparten es-
trategias discursivas de dominación que, entre otras cosas, presentan
una contradicción entre lo que se enuncia desde el aparato del Estado
y las prácticas que se sostienen. Recordemos, por ejemplo, dentro del
modo de dominación oligárquico en el siglo  y parte del , cómo se
enuncian categorías como «pueblo» y «ciudadanía» pero, en la práctica, se
restringe el voto, se recurre al fraude electoral o se silencia a la oposición.
Así como es posible identicar las estrategias discursivas que pueden ser
diferentes en forma pero que mantienen sus objetivos estructurales entre
modos de dominación en el largo plazo, también es posible hacer ese
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Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
análisis para identicar las estrategias utilizadas en coyunturas históricas
concretas dentro de un mismo modo de dominación.
En este artículo hemos abordado los tiempos democráticos pos-
dictadura, poniendo en diálogo dos momentos históricos dentro de un
mismo modo de dominación, el neoliberal. Elanálisis evidencia que
dictadura o democracia, con sus evidentes diferencias, dentro del sistema
capitalista o del mismo modo de dominación, mantienen lógicas y ob-
jetivos. Hemos tratado de mostrar de forma general y somera cómo en
Uruguay, durante los primeros años luego de la apertura democrática,
se mantuvieron acciones represivas en manos de las fuerzas del Estado.
Sus agentes buscaron legitimarlas por medio de estrategias discursivas
que activaban mecanismos inconscientes relacionados con el miedo a la
dictadura. Estas conductas desde el poder fueron muy claras y fuertes
sobre todo hasta nales de la década del noventa.
Dentro de las estrategias discursivas más evidentes estuvieron el
construir con la juventud, el movimiento sindical y el activismo social un
enemigo interno que ponía en peligro la recién conquistada democracia.
Esos actores eran presentados como subversivos, marxistas, violentos,
minorías. Constituyeron en el discurso la cara de una «otredad» que era
necesario reprimir en defensa de todos los demás, de las instituciones,
de la democracia y del orden. Inicialmente, desde el discurso se marcó
distancia con las FF.AA., pero antes que terminara la década del ochenta
se fue introduciendo nuevamente a esta institución como garante del
orden interno también. Constituyó un tercer paquete de estrategias el
silencio respecto a la represión en dictadura, que había alcanzado el
grado de terrorismo de Estado. EnUruguay, consolidado por lo que
fue el resultado del plebiscito ante la llamada «Ley de Impunidad», y
en Argentina, si bien se dio el Juicio a las Juntas, posteriormente hubo
un indulto.
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En el mediano plazo, desde la apertura democrática y hasta ya en-
trado el siglo , el caso de Uruguay parece mostrar una tendencia a
modicar la forma en que se dirimen los conictos entre los diversos
actores de la sociedad civil y el aparato del Estado. Larepresión física en
el espacio público va retrocediendo —no en Argentina— y dejando el
lugar a la creciente judicialización de la protesta. Velasco (2006: 135-136)
sostiene que en la mayor parte de América Latina no hay organizaciones
o movimientos sociales fuertes que pretendan disputar el poder. Encon-
secuencia, el Estado y los sujetos que lo integran parecen no necesitar
recurrir a la represión violenta para mantenerseallí.
La democracia de estos tiempos juega en nuevos espacios el control de
la sociedad civil. Laestrategia parece estar orientada al uso de mecanismos
de distracción, atomización, desinformación o sobreinformación que se
recibe de diversos dispositivos y aplicaciones. Twitter se ha transformado
en la vía en que el presidente habla directamente con los ciudadanos. Allí
se manejan nuevas estrategias discursivas para sostener el apoyo político,
como es la pretendida relación de cercanía cuando el presidente le da
like a tu tuit. Cada vez menos parece necesario reprimir físicamente en
el espacio público, en un sistema donde quienes acceden al aparato del
Estado han encontrado otros mecanismos para legitimarse. Loque no
pasa de moda y sigue siendo sumamente necesario es que reexionemos
sobre la calidad de la democracia que estamos sosteniendo.
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Silvana Edurne Pera Rodríguez
Estrategias discursivas para sostener la violencia de Estado en contextos democráticos posdictadura
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