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Luces y sombras en la isla:
evolución de la Isla de Flores como
centro de detención
Pablo Olivera Cea1
Resumen
El presente artículo gira en torno a la Isla de Flores, ubicada a escasos
kilómetros de la ciudad de Montevideo y muy cercana a la localidad
de Shangrilá, Ciudad de la Costa. Enel transcurso de prácticamente
dos siglos, diversos proyectos estatales la tuvieron como objeto de sus
preocupaciones, aunque en la actualidad está signada por el olvido y el
deterioro. Este trabajo se centra en los múltiples roles que desempeñó
y desempeña la isla, como ser: faro, lazareto, lugar de reclusión y área
natural protegida. Elfoco estará puesto en el papel que cumplió la isla
como centro de reclusión, haciendo eje en su último uso como cárcel,
en un intento por recuperar la multiplicidad de memorias que se desa-
rrollaron y desarrollan en su entorno.
Palabras clave: Isla de Flores – centro de detención – proyectos
estatales
1 Profesor de Historia egresado del Instituto de Profesores Artigas (). Licenciado en Ciencias Histó-
ricas, opción investigación, por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (), de la
Universidad de la República (Udelar). Profesor en Educación Secundaria. Enactividad privada, docente
en el liceo Juan Zorrilla de San Martín, de los Hermanos Maristas (Montevideo).
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Lights and Shadows in the Island:
Evolution of Isla de Flores as a Detention Centre
by Pablo OliveraCea
Abstract
This article revolves around Isla de Flores, located a few kilometres away
from Montevideo, near Shangrilá, Ciudad de la Costa. Inthe course of
two centuries, diverse State projects focused on it, although now it has
been forgotten and left in the ruins. This work focuses on the multiple
roles that it played and continues to play: lighthouse, lazaretto, centre
of detention and protected natural area. The focus will be on the role
it played as a detention centre, considering its specic role of prison, so
that we can recover the various memories of its surroundings.
Keywords: Isla de Flores – centre of detention – State projects
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Qué será que se oye cuando suena el temporal,
será el canto de los negros o lamentos del hospital.
Si esos no son truenos, son cañones en alta mar.
Todo se confunde con la tormenta en Shangrilá […]
Todo navegante conoce y ama tu fanal.
Guardia y custodia del peligroso Banco Inglés.
Parte de la historia del Uruguay son ellas tres…
M W   T
Introducción
La propuesta de este artículo
2
gira en torno al análisis de un centro de
reclusión que fue modicando sus funciones de acuerdo a las demandas
sociales y proyectos estatales que se desarrollaron en cada momento his-
tórico, la Isla de Flores. Pero la intención de este trabajo es hacer especial
hincapié en el papel de la isla como centro de reclusión.
Desde el punto de vista personal, la elección responde a que la Isla
de Flores está fuertemente vinculada a mi trayectoria vital, ya que mi
lugar de residencia desde mi nacimiento es la localidad de Shangrilá, uno
de los puntos más cercanos a la isla desde la costa. Asu vez, desde mi
rol como docente del liceo Shangrilá se ha establecido una relación muy
presente con la isla, lo que ha dado lugar a algunos proyectos de centro
que la tienen como principal protagonista.
Una isla que, como plantea Mikaela Mallo, antes convocaba la
esperanza de cientos de personas para poder ingresar a Montevideo.
2 El presente trabajo fue fruto del seminario dictado en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, por las docentes Fabiana Larrobla, Magdalena Figueredo y Graciana Sagaseta, titulado El
gran encierro: un abordaje multidimensional sobre la prisión política, masiva y prolongada en Uruguay (1968-
1985), entre los meses de agosto y octubre del 2022.
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«Inversamente, un lugar de encierro, de desesperación, de revolucionarios
atrapados. Hoy, un lugar de olvido, de nostalgia ya obsoleto, con el único
n de iluminar a los navíos que continúan arribando» (Mallo, 2022: 186).
La elección de dicha temática desde el punto de vista teórico responde
a que «los establecimientos penitenciarios (como cualquier institución
estatal) reejan y reproducen las fuerzas irracionales de la sociedad en
que están insertos» (Caimari, 2004: 25). Desde esta perspectiva, discutir
los sistemas penitenciarios es pensar la sociedad, así como las diferentes
manifestaciones del poder etático y los diversos espacios de conicto,
disputa y socialización que se desarrollan en torno a estos.
La discusión acerca del rol de los sistemas penitenciarios a nivel social
tuvo un punto de inexión a partir de la obra de Michel Foucault Vigilar
y castigar, en el año 1975. Foucault, desde una perspectiva renovadora,
admitió interrogantes que no le eran propias al sistema carcelario, como
ser: los procesos de formación estatal, los modos de relación de los grupos
subordinados con la ley y las instituciones disciplinarias, los mediadores
entre el Estado punitivo y la sociedad, entre otros. Esto habilitó nuevas
reexiones en torno a los sistemas punitivos.
Al mismo tiempo, el estudio y análisis de los sistemas carcelarios
nos permite ver cuáles son las contradicciones que atraviesa el Estado
en cuanto a su implementación. Eneste sentido, el trabajo de Graciela
Sapriza, Las ineludibles monjas del Buen Pastor en la cárcel de mujeres, es un
claro ejemplo de ese accionar contradictorio de un Estado que atravesaba
un proceso de secularización de sus instituciones, incluyendo al sistema
carcelario masculino, pero que dejaba en manos de una congregación
religiosa el sistema de reclusión femenino.
Además, el análisis de los sustentos teóricos de la tradición punitiva del
Estado nos permite indagar acerca de los momentos ideológicos que lo
guían en cuanto constructor de imaginarios sociales, los que se vinculan
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directamente al rol que debía desempeñar en ese marco el sistema carce-
lario, donde se desata la tensión entre la transgresión y el castigo.
Isla de Flores: una luz esperanzadora
La Isla de Flores posee una privilegiada ubicación geográca, ya que se
encuentra a nueve millas sobre la costa montevideana y a once del Banco
Inglés. Desde la costa dista a casi 12 km de la desembocadura del arroyo
Carrasco y a unos 17 km de la rambla del Buceo, por lo que puede ser divi-
sada desde Ciudad de la Costa y parte de Montevideo. Esta podría dividirse
en tres partes denominadas primera, segunda y tercera, de oeste aeste.
La primera y la segunda están unidas salvo que la marea crezca de-
masiado, mientras que la segunda y la tercera están separadas salvo que
exista una gran bajante. Lalongitud total de las islas unidas es menor
a dos kilómetros, y no superan un ancho de quinientos metros en los
puntos más extensos (Langguth y Varesse, 2004: 15-17).
Existen diversas hipótesis acerca del nombre de la isla3 y, por su po-
sición estratégica, ha jugado un rol clave en la historia delpaís.
La primera función que desempeñó la isla fue la de faro —hasta
el día de hoy—, el cual se terminó de construir el 1 de enero de 1827 y
respondía básicamente a los intereses de la oligarquía vinculada al gran
comercio (Alonso et al., 1971). Su instalación permitía desarrollar una
navegación más segura, debido a las dicultades que presentaba el acceso
al puerto durante los siglos - (Bentacur, 1998: 165).4
3 Hay tres hipótesis acerca del nomenclátor de la isla, la primera responde a que fue descubierta por Juan
Díaz de Solís el día de Pascua Florida (hipótesis descartada por Langguth y Varesse); la segunda rinde
homenaje al portugués Esteban Froes (Flores, en castellano), quien habría desembarcado allí en 1512;
y la tercera tiene que ver con la cantidad de ores silvestres que suelen crecer entre sus rocas (hipótesis
descartada por Mallo, ya que la isla es de origen rocoso) (Langguth y Varesse, 2004: 11; Montalbán, 1997:
27; Mallo, 2022: 188).
4 El autor plantea aquí tres grandes escollos que presentaba el puerto colonial de Montevideo, a saber:
el fondo fangoso, la falta de abrigo frente a los vientos del sur y los accidentes del acceso, sobre todo en
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Durante la Guerra Grande la isla fue utilizada como un enclave es-
tratégico militar para permitir el abastecimiento del puerto del Buceo,
controlado por las fuerzas oribistas, y limitar el acceso al puerto de Mon-
tevideo controlado por la defensa.
A lo largo de este proceso, donde la navegación náutica cumplía un
rol central en la economía del país, la isla jugó un papel más que impor-
tante y las élites económicas (Real de Azúa, 1961) buscaron controlarla a
efectos de asegurar para sí los benecios que reportaba dicha actividad.
A nes del siglo , con la consolidación de los estados nación, el
desarrollo demográco a nivel mundial y la mejora en los medios de
transporte y comunicación, la isla fue adquiriendo un nuevo rol que con-
vivirá con los anteriores. Esasí que comienza a utilizarse como «paraje
de cruza», es decir, allí tomaban práctico las naves que venían hacia el
puerto de Montevideo o Buenos Aires, lo que llevó a la construcción del
primer edicio no precario —de la que luego sería la comandancia— con
que contará la isla (Cúneo, 1900: 43).
El arribo de la sociedad disciplinada (Barrán, 2004a) y una de sus
caras más visibles, la conversión de la medicina en ciencia y en higiene,5
permitió al Estado desarrollar «el culto a la salud». Este era alimentado
por la medicalización de la sociedad, lo que favoreció el desplazamiento
del cura por el médico en la dirección de las conductas individuales y
permitió la transformación de la salud pública en la suprema ley del
Estado (Barrán, 1993: 11).
Eso último sumado a las primeras grandes epidemias que sufrió
Montevideo —de ebre amarilla en 1857 y de cólera o morbo asiático—,
el Banco Inglés. Además, Francisco Ollero y William Rey sostienen que desde los tiempos de la colonia
se pensó señalizar el trayecto uvial próximo a Montevideo, por ser un lugar de alto riesgo, entre el
ingreso al Río de la Plata y la ciudad de Buenos Aires.
5 «El poder médico fue uno de los primeros poderes que en el Novecientos emana del saber, de la ciencia,
es decir, de la forma cultural que asumió la verdad» (Barrán, 1993: 13).
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Luces y sombras en la isla: evolución de la Isla de Flores como centro de detención
que favorecieron la incorporación a la isla en 1869 de un lazareto. Laidea
era colocar allí un lugar donde efectuar cuarentenas que libraran a la
ciudad de las epidemias, así como también poder aislar a los viajeros o
inmigrantes que arribaban a Montevideo (Montalbán, 1997: 32).
Desde aquel entonces la isla estuvo sujeta a la administración de la
Comandancia de Marina y Capitanía General de Puertos o, en ocasiones,
de la Junta de Sanidad, existiendo en la isla jefes locales que se denomi-
naban «comandantes militares» (Cúneo, 1900: 44).
Dicho lazareto se fue desarrollando ediliciamente con el correr de los
años, estructurándose de la siguiente forma: en la primera isla, en la que
se encuentra el faro, estaban las ocinas, el alojamiento del comando y
del personal, el depósito de ropas y almacenes, una terraza6 y el edicio
denominado «Hotel de Inmigrantes», destinado a la «cuarentena limpia»,
es decir, para viajeros que no presentaban síntomas de enfermedades
endémicas (Montalbán, 1997: 33).
Estos últimos estaban divididos para pasajeros de primera, segunda
y tercera clase, al igual que los comedores. Dichas edicaciones estaban
dispuestas en forma de U, dejando en el medio un lugar para el esparci-
miento (Langguth y Varesse, 2014: 130).
Contaba, cercano al muelle, con un Departamento de Desinfección
construido en 1888, integrado por cuatro estufas a vapor bajo presión y
una cámara química para desinfección.
En la segunda isla se ubicaba el cementerio, la capellanía (1870) y un
pequeño hospital para internar enfermos sospechosos.
La tercera, la más alejada, albergaba el hospital (1878), adonde
se enviaban los pacientes atacados por enfermedades denominadas
6 En 1897 se construyó una terraza que era utilizada por los visitantes como un centro de paseo, desde
la cual podían apreciar la costa montevideana, y al día de hoy aún permanece.
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«exótico-pestilenciales», incluyendo asimismo dependencias para el per-
sonal que lo atendía, una sala de autopsias y un crematorio.
A nes del siglo  y principios del , la isla quedó conectada por
telégrafo (1878) y teléfono con la capital, además de un puente que unía
a la primera y segunda isla (1895),7 así como la construcción de tres jar-
dines. En1903 se inauguró un edicio que albergaba a los ociales y a
la marinería, con capacidad para cincuenta personas (Montalbán, 1997:
33-34; Cúneo, 1900: 59).8
Una luz que se desvanece
Hasta enero de 1935 la isla cumplió ocialmente la función de lazareto,
pero en varias ocasiones sus instalaciones fueron utilizadas como centro
de reclusión.
En cierta medida, la isla fue testigo del cambio de moral que imperó
en esta sociedad disciplinada, ya que el castigo tiende a convertirse en la
parte más oculta del proceso penal (Foucault, 2002: 17).
9
Cumplió con
los requisitos que imponía la nueva moral disciplinada por encontrarse
en situación de aislamiento marítimo: dicultar las posibilidades de fuga
de los recluidos y permanecer «oculta» a los ojos de los ciudadanos.10
Además, su utilización como cárcel coincide con las fechas de las
respectivas inauguraciones de las cárceles de Miguelete (1888) y Punta
7 Dicho puente fue destruido en varias oportunidades, sobre todo en los años 1911 y 1914, por sendos
temporales que afectaron gravemente su estructura.
8 El arquitecto Daniel Thul, especialista en patrimonio virtual, y el periodista Javier Benítez realizan
una reconstrucción virtual de la isla en dos videos: La Isla del Purgatorio: la historia jamás contada de la
Isla de Flores (2019). Disponibles en: https://www.youtube.com/watch?v=pnxpricXpsQ y https://www.
youtube.com/watch?v=ivKxVOVdEh8.
9 Esto va de la mano con la abolición de la pena de muerte, el n de los castigos físicos y la transforma-
ción de la cárcel como tormento físico en cárcel correctiva y educativa (Barrán, 2004a: 101-110).
10 Elementos similares pesaron en el momento de la construcción del penal de Punta Carretas, ya que,
en el año 1910, Punta Carretas era un paraje desolado, donde por entonces solo asomaba el faro.
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Carretas (1910), las que van delineando el sistema penitenciario nacio-
nal. Aellas se les suma la habilitación de las cárceles departamentales
en el interior y, en Montevideo, de la cárcel de mujeres (Garcé García
y Santos, 2001: 53).
Asimismo, gracias a los adelantos cientícos en medicina e higiene,
las cuarentenas que debían cumplir los pasajeros se volvieron más espo-
rádicas, por lo que la isla comenzó a utilizarse mayormente con nes de
reclusión (Langguth y Varesse, 2004: 140).
Es así que, entre nales del siglo  y los primeros años del , se
produjo una transición entre el albergue de los últimos pasajeros que
debieron realizar una cuarentena en estas condiciones y la nueva funcio-
nalidad de la isla, la cual pasaría a convertirse en un centro penitenciario
(Mallo, 2022: 195).
Pero dicho centro penitenciario fue destinado en gran medida a
presos políticos y no a criminales comunes, lo que complementará el
esquema carcelario planteado por Garcé García y Santos, denominándose
a nivel popular como el «Alcatraz de Uruguay».11
La intención de trasladar presos políticos a la isla fue de aislar a los
disidentes del liderazgo político y convertir a los cautivos en hombres
olvidados.12 A su vez, es posible armar que se eligió esa locación debido
11 En dicha denominación es necesario marcar una salvedad, ya que la isla de Alcatraz ubicada en la bahía de
San Francisco (EE. UU.) solo era habitada por delincuentes comunes, es decir, aquellos que habían violado
códigos penales o leyes federales, mientras que en la Isla Robben, en Ciudad del Cabo, sus prisioneros eran
políticos autoproclamados y calicados ocialmente como opositores al régimen. Uncaso emblemático
fue el de Nelson Mandela durante el período del Apartheid en Sudáfrica. Por ello, denominar a la isla
como «Alcatraz», desde el punto de vista de su función, no sería lo más apropiado. Para profundizar en
esta temática, ver especialmente: Strange, C. yKempa, M. (2003). Shades of Dark Tourism, Alcatraz and
Robben Island, Annals of Tourism Research, (30), 386-405; y Buntman, F. yHuang, T. (2000). The Role of
Political Imprisonment in Developing and Enhancing Political Leadership: A Comparative Study of South
Africa’s and Taiwans Democratization. EnI. Wei Chin. Taiwan in perspective, Boston: Brill.
12 Lila Caimari nos aporta que el destierro es una de las penas más antiguas de la tradición occidental.
Latransgresión fundante de nuestra cultura judeo-cristiana, la desobediencia de Adán y Eva, recibió
esa misma sanción. Griegos y romanos expulsaron a sus castigados del territorio estatal y los usaron
para poblar islas o colonias alejadas. Más cercano en el tiempo, podemos recordar el destierro que
sufrieron treinta mil ingleses que fueron expulsados a las colonias de Norteamérica, entre 1718 y 1755,
o la utilización de Australia como centro de reclusión (Caimari, 2007: 63-64).
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a que las posibilidades de fuga eran casi nulas, añadiendo el factor de la
alta incomunicación que estos podrían tener con el resto de la sociedad.
Por otra parte, es necesario remarcar que los presos en la isla requerían
de una muy escasa vigilancia.
Entre estos años fueron variados los acontecimientos políticos que
provocaron la utilización de la isla como centro de reclusión. Elprimero
a destacar fue la revolución de 1904,13 que enfrentó a las tropas del pre-
sidente José Batlle y Ordóñez con las fuerzas de Aparicio Saravia en la
última guerra civil que vivió nuestro país. Permanecieron allí detenidos
desde el 31 de enero de 1904, momento en que fue enviado el primer
contingente de prisioneros saravistas, hasta un mes y medio después de
rmada la paz de Aceguá (24/9/1904).
Dicho contingente estaba conformado por prisioneros que eran desde
soldados de línea —heridos en la batalla de Tupambaé, por ejemplo—
hasta sospechosos políticos. Con esto se buscaba neutralizar una posible
sublevación. Entodo este período arribaron a la isla un total de 123
presos, los cuales fueron instalados en la tercera isla donde se encontraba
el «lazareto sucio», el cual poseía pocos edicios para dar cabida a tal
cantidad de reclusos, además de una pequeña extensión territorial de
300 m2 (Langguth y Varesse, 2004: 155-159; Montalbán, 1997: 37; Mallo,
2022: 197-198).
En 1910 se envían a la isla ochenta prisioneros que habían participado
del levantamiento revolucionario desarrollado por los radicales naciona-
listas que se oponían a la llegada de Batlle de Europa y por, sobre todas
las cosas, a un segundo mandato (Vanger, 1991: 67-69).
13 Previo a este acontecimiento, la isla fue utilizada esporádicamente como centro de reclusión en los
años 1872 y 1876.
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Sus condiciones de reclusión fueron menos severas que las de 1904.
Esto se debió a que la estancia de estos reclusos no fue tan extensa, te-
niendo una duración de dos semanas (Langguth y Varesse, 2004: 160-161).
El segundo acontecimiento político que tuvo como protagonista a
la isla fue el golpe de Estado llevado adelante por Gabriel Terra el 30 de
marzo de 1933, cuando dispuso la disolución del Consejo Nacional de
Administración, de las Cámaras Legislativas y la prisión de dirigentes
políticos opositores.14 Esto tuvo como telón de fondo la crisis del 29 y
el ascenso de los regímenes nazi-fascistas, así como del falangismo y la
consolidación de la  en el plano internacional. Los aliados del terrismo
provenían del núcleo conservador vinculado al Comité de Vigilancia
Económica, «donde se hallaba lo más granado de la fortuna territorial»
(Barrán, 2004b: 131) y el herrerismo.
En este contexto, la cárcel fue uno de los medios utilizados en la
represión a la oposición. Enabril de ese año, por decreto-ley pasó de
depender pasó del Ministerio de Instrucción Pública al del Interior, lo que
resulta un dato interesante a tener en cuenta en esta escalada represiva
llevada adelante por el gobierno (Larrobla, Figueredo y Sagaseta, 2022: 4).
A su vez, se creó la Dirección de Institutos Penales, designándose a
Juan Carlos Gómez Folle como director general (quien había sido pre-
viamente director de la Cárcel Correccional —Miguelete— en 1916 y
director de la Penitenciaría —Punta Carretas— en 1922). Lacreación de
esta dirección abrió importantes debates que involucraron, entre otros
temas, los criterios de los reglamentos y disposiciones que regían la vida
carcelaria, los nes de los establecimientos penitenciarios y la pena, por
nombrar solo algunos (Larrobla, Figueredo y Sagaseta, 2022: 4).
14 Para trabajar el período terrista ver: Jacob, R. (1983). ElUruguay de Terra 1931-1938. Montevideo: Edi-
ciones de la Banda Oriental, colección Temas del siglo ; y Caetano, G. yJacob, R. (1990). Elnacimiento
del terrismo. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental. Tres tomos.
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La isla no es ajena a este contexto de escalada autoritaria y, en setiembre
de 1933, pasó a depender directamente de la Armada Nacional, dejando
de estar subordinada a la Comandancia de Marina y Capitanía General de
Puertos o a la Junta de Sanidad. Además, se estipuló una partida especial
para reparaciones varias con el n de que funcionara como «Casa de Pre-
venidos, Cárcel correccional y Penitenciaría» (Montalbán, 1997: 38).
A partir del golpe de Estado, en la isla fueron detenidos más de ciento
cincuenta opositores al régimen terrista, muchos de ellos permanecieron
más de un año allí. Entre los personajes más destacados guran Alfeo
Brum (hermano de Baltasar Brum, quien se quitara la vida como forma
de protesta al golpe de Estado), Andrés Martínez Trueba (quien será
electo como presidente en 1951) y Leoncio Ruiz (jefe de policía opositor
al régimen) (Langguth y Varesse, 2004: 162-163; Mallo, 2022: 200-201).
En cuanto a las condiciones de reclusión, los testimonios recogidos
por Langguth y Varesse presentan contradicciones, los autores coinciden
en que esta vez fueron sensiblemente mejores que en 1904, ya que se les
ubicó en los pabellones de primera clase, aunque la larga detención fue
generando un deterioro en las condiciones de salubridad e higiene.
En enero de 1935 se produjo un nuevo intento revolucionario para
desplazar a Gabriel Terra, a partir del levantamiento de Paso Morlán,
encabezado por Basilio Muñoz. Ellevantamiento terminó fracasando y
muchos de sus principales organizadores fueron recluidos en la isla por
un breve período de tiempo.
Durante el régimen de Terra, la isla fue utilizada ocasionalmente
como cárcel para algunos criminales considerados peligrosos. Como fue el
caso de Simón Radowitzky, un anarquista que estuvo detenido diecinueve
años en Ushuaia por asesinar al jefe de policía de Buenos Aires, Ramón
Falcón, en venganza de los activistas asesinados el Primero de Mayo de
1909. En1930, tras ser deportado de Argentina, arribó a Uruguay. Con
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la llegada de la dictadura de Terra y la aprobación de la «Ley de inde-
seables»,15 Radowitzky fue detenido en una pensión de la calle Rambla
Wilson 1159 y se le exigió que abandonara el país. Sucaso fue llevado
adelante por el doctor Emilio Frugoni, quien le aconsejó no abandonar
el Uruguay porque su caso serviría de precedente para muchos otros que
sufrieran persecución policial.
Radowitzky es detenido y connado a la Isla de Flores, en pésimas
condiciones. Debe dormir en una especie de sótano o cueva que antes
era refugio de ovejas. Ante esta situación, protesta el abogado Frugoni
exigiendo que se lo devuelva a la jurisdicción judicial correspondiente.
Pero lo único que logra es que al detenido se le permita dormir «en un
excusado en vez de la cueva».16 Tras dos años de prisión, el 21 de marzo
de 1936, llegó la ansiada libertad de Radowitzky (Bayer, 2016: 60).
El otro caso sonado de detención en la isla fue el de la Zwi Migdal,
una organización dedicada a la trata de blancas y redes de prostitución, di-
rigida por inmigrantes de origen judío-polaco, que funcionaba en Buenos
Aires y poseía una red de más de doscientos burdeles y tres mil mujeres
(Trochón, 1999: 113).
El caso salió a la luz cuando una exprostituta del Migdal, acosada por
sus explotadores, presentó cargos contra la asociación. Eneste marco y
tras el golpe de Estado llevado adelante por Uriburu, se les aplicó a los
proxenetas la ley de extranjeros indeseables, siendo deportados y reca-
lando su mayoría en Montevideo.
15 Aprobada en el año 1932, la ley n.º 8868, conocida como «Ley de indeseables», establecía diversas
causales de inadmisión y expulsión de extranjeros. Esta será complementada en el año 1936 por la ley
n.º 9604, que plantea nuevas trabas al ingreso al país.
16 Según señalan Langguth y Varesse, a lo largo de su permanencia en la isla tuvo una conducta ejem-
plar, y recuperan la siguiente anécdota: «Una noche vino a jugar ajedrez conmigo [Francisco Braga,
funcionario del lazareto] y como siempre lo acompañaba un soldado de custodia. Mientras disputaba
la partida, el soldado se quedó dormido. Allado suyo había dejado apoyado el Mauser de reglamento
cargado. Radowitzky ni tocó el arma y, cuando llegó el momento de irse, despertó al guardia y le dijo:
“Bueno, amigo, ya es hora de que me lleve de vuelta”» (Langguth y Varesse, 2004: 171).
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Al poco tiempo de su llegada a la ciudad, aparecieron ofertas para
comprar pequeños negocios, así como sobornos a la policía. Todo ello
inquietó a la opinión pública y al propio presidente Terra, que en el año
1931, antes del golpe, presionó a la Suprema Corte de Justicia para «re-
solver este asunto lo más rápido posible». Mientras se expedía la Justicia
y por orden de Terra, los proxenetas fueron enviados a la Isla de Flores,
hasta que se deniera el lugar de su destierro.
Del grueso de los aproximadamente 125 proxenetas que debieron
ser enviados a la isla, solo veintisiete fueron recluidos allí por negarse a
declarar su nacionalidad. Además, hubo un intento de adquirir pasaportes
falsos expedidos por un diplomático boliviano para evitar la reclusión.
Su traslado a la isla fue un acontecimiento cubierto por la prensa de
la época con lujo de detalles y, conforme pasaron los días, el gobierno
les confeccionó pasajes para expulsarlos denitivamente (Trochón, 1999:
121-122).
A nes del año 1939 se produjo en las costas uruguayas la batalla del
Río de la Plata, que tuvo como protagonistas al barco alemán Admiral
Graf Spee y su nave auxiliar, el Tacoma, enfrentando a una parte de la
ota británica. ElGraf Spee fondeó en el puerto y, ante el decreto de
presidencia de abandonarlo a las 72 horas, fue dinamitado frente a la
costa de Montevideo.
Con relación al Tacoma y sus tripulantes, el barco fue «internado»
y se dispuso un sistema de vigilancia que impedía a sus tripulantes des-
embarcar. Pero, conforme pasaron los meses, los controles se volvieron
más laxos e incluso muchos de sus tripulantes volvieron a Alemania.
Pero este incidente tuvo un giro inesperado, ya que, con el correr
del tiempo, los gobiernos de Estados Unidos y de Uruguay elevaron
sus legaciones al rango de embajadas. Alaño siguiente, la invasión nazi
de la Unión Soviética y el bombardeo de Pearl Harbor (12/1942), con
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la consecuente entrada de Estados Unidos en la guerra, generaron un
fuerte impacto en Uruguay. Loque llevó a que los vínculos entre ambos
países se estrecharan al negociarse un convenio de préstamo y arriendo,
el cual fue raticado en enero de 1942 (López D’Alessandro y Cerrano,
2018: 11-29).
A este escenario debemos sumarle la tercera Reunión de Consulta
de Ministros de Relaciones Exteriores desarrollada en Río de Janeiro, en
enero de 1942, la cual desencadenó que Uruguay y Brasil rompieran
relaciones diplomáticas con elEje.
En dicho contexto, en febrero de 1942, se produjo en aguas del Caribe
el hundimiento del carguero nacional Montevideo17 con destino a Nueva
York. Y, como represalia, fueron detenidos los cincuenta y cinco marineros
del barco alemán Tacoma y del Graf Spee que aún se encontraban en
territorio nacional.
En primera instancia, fueron enviados por el carguero Lavalleja a la
Isla de Flores; luego, trasladados a las cercanías del parque Tomkinson;
a continuación, recluidos en un cuartel en Sarandí del Yi y, por último,
en una amplia quinta cerca de la calle Timote.
De su estancia en la isla, que duró un mes aproximadamente, se
puede comentar que protagonizaron, sin éxito, un intento de escape
en un barco hacia las costas de Canelones. Con relación al Tacoma, fue
arrendado a los EE. UU. por la simbólica cifra de un dólar.
El tercer momento político en el cual estuvo inmersa la isla como
protagonista está vinculado al contexto de crisis que sufrió Uruguay, y
la región toda, en los años sesenta, en el marco de la Guerra Fría y la
17 Este fue uno de dos barcos mercantes italianos incautados en Montevideo, cuyo nombre era Adamello
y fue rebautizado como Montevideo, así como el Fausto fue rebautizado con el nombre de Maldonado.
Endicho incidente fallecieron catorce marinos uruguayos. Recién en el año 1966 se pudo comprobar
que el ataque al barco de bandera uruguaya fue realizado por un submarino italiano llamado Tazzolli
(Bertocchi, 2011: 68-74).
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reacción de la derecha uruguaya en torno a algunos factores percibidos
como amenazantes (Broquetas, 2014: 18).
La Guerra Fría trajo consigo nuevas ideas fuerza como la Doctrina de
la Seguridad Nacional (). Dicha doctrina surgió en los Estados Unidos
y muchos de sus conceptos fundamentales comenzaron a elaborarse
con el n de la Segunda Guerra Mundial. Aunque si bien el concepto de
«seguridad norteamericana», con relación a América Latina, puede re-
montarse a la doctrina Monroe, la  es en algunos aspectos innovadora.
La  sostiene la división del mundo en Oriente y Occidente, iden-
ticando al primero con el comunismo y su intención y acción de ex-
pandirse a todo el Occidente. Esasí que la bipolaridad aparece en forma
permanente en los discursos de la.
Recordemos que la Guerra Fría es una confrontación novedosa entre
estos dos grandes bloques, ya que se lleva a cabo en todos los planos:
ideológico, militar, psicológico, cultural, económico, político, tratándose
de evitar el enfrentamiento nuclear directo o armado global.
En dicho contexto, la  planteó el concepto de «guerra
revolucionaria».18
La misma posee algunos principios bien sencillos: 1). Laguerra revolucionaria
es la nueva estrategia del comunismo internacional 2). Bajo esta denominación
se engloban a fenómenos tales como guerras de liberación nacional, guerrillas,
subversión, terrorismo, rebelión estudiantil, huelgas obreras, o la ocupación de
tierras. 3) Esta guerra revolucionaria requiere de nuevas técnicas para hacer la
guerra. Hay que comprenderla bien para elaborar contra técnicas (Campodónico,
Massera y Sala, 1990: 45).
En dicho escenario, se van articulando en Uruguay un conjunto de
modicaciones institucionales y cambios en las políticas de seguridad que
darán marco al avance del autoritarismo estatal (Larrobla, Figueredo y
18 Este surge en los EE. UU., pero inciden elaboraciones de los militares franceses en las guerras de
Indochina y Argelia. Ellas iluminan las lecturas de Mao, Giap, Guevara (Comblin, 1979: 27-55).
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Sagaseta, 2022: 5). Las Medidas Prontas de Seguridad (), así como la
creación del Servicio de Inteligencia y Enlace (),
19
primero, en la órbita
del Ministerio del Interior, y la del Servicio de Información de Defensa
(),
20
después, en la órbita del Ministerio de Defensa, van dando cuerpo
a esta escalada autoritaria por parte del Estado.
El 13 de junio de 1968, el Poder Ejecutivo, liderado por Jorge
Pacheco Areco, adoptó las ,21 que apuntaban directamente contra
los sindicatos, en particular los de los funcionarios públicos (Demasi,
2021: 84). Sedecretó el bloqueo del derecho de huelga, la libertad
de información y el derecho de reunión y facultó al Ejecutivo a in-
tervenir los organismos del Estado que no pudieran normalizar su
funcionamiento.
Asimismo, las  fueron utilizadas como fundamento y justicación
para el mantenimiento en situación de detención de ciudadanos cuya
libertad había sido establecida por la Justicia ordinaria o la Militar (Equipo
de Investigaciones Históricas, 2020: 3).
Esto inició una ola de paros cuya respuesta por parte del Ejecutivo
fue militarizar a los funcionarios del Banco República () y del Banco
Central del Uruguay (), así como la detención de casi doscientos
19 El 19 de setiembre de 1947 fue creado el Servicio de Inteligencia y Enlace, con el objetivo fundamental
de intervenir en «delitos contra la soberanía del Estado […] Conictos obreros. Actividades antinacio-
nales» (Larrobla, Figueredo y Sagaseta, 2022: 6).
20 El Servicio de Información de Defensa constituyó la agencia de inteligencia de mayor jerarquía dentro
de la estructura general de las Fuerzas Armadas (FF. AA.). Durante el gobierno del Partido Nacional, el 23
de febrero de 1965, el Consejo Nacional de Gobierno lo creó como un «órgano que esté en condiciones
de reunir y explotar información tendiente a garantizar nuestra seguridad externa e interna» (Larrobla,
Figueredo y Sagaseta, 2022: 7).
21 Las  están previstas en el artículo 168 inc. 17 de la Constitución de la República, que establece
lo siguiente: «Al Presidente de la República, actuando con el Ministro o Ministros respectivos o con el
Consejo de Ministros, corresponde […] 17) Tomar medidas prontas de seguridad en los casos graves
e imprevistos de ataque exterior o conmoción interior, dando cuenta dentro de las veinticuatro horas
a la Asamblea General, en reunión de ambas Cámaras o, en su caso, a la Comisión Permanente, de lo
ejecutado y sus motivos, estándose a lo que estas últimas resuelvan». Estas constituyen un instituto
extraordinario de derecho que habilita al Estado a intervenir en forma inmediata ante situaciones
consideradas de excepción. Ennuestro caso, las mismas fueron aplicadas con sistemática regularidad y
su vigencia se mantuvo por largos períodos de tiempo, en los años previos al golpe de Estado y poste-
riormente hasta el retorno democrático (Equipo de Investigaciones Históricas, 2020: 2).
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obreros que fueron trasladados a reparticiones militares de Laguna del
Sauce, Río Negro y Salto.22
De estos doscientos, según Langguth y Varesse, cincuenta fueron
llevados a la Isla de Flores con una guardia de setenta marinos (2004: 172),
siendo en su mayoría aliados a  (Agrupación de Funcionarios de
las Usinas y Transmisiones Eléctricas del Estado, organismo público que
provee de electricidad al territorio nacional), que en forma de protesta
generaron un apagón casi total en Montevideo.
Estos datos dieren en parte con la entrevista realizada por el equipo
de trabajo a uno de los marinos, quien, con dieciocho años, cumplía la
función de mozo de ociales como parte del personal asignado a la isla,
entre abril y mayo del año 1969, por un lapso de cinco meses.23
En su testimonio, la cantidad de personal naval asignado a la isla
era en total de cuarenta funcionarios, quienes realizaban un relevo cada
quince días en grupos de veinte. Laisla por aquellos años contaba con
un personal jo de tres integrantes (un marinero, un cabo y un subo-
cial), además de un médico, un enfermero y el personal asignado para la
custodia de los detenidos.
Los detenidos en la isla fueron aproximadamente —y según testi-
monio para este trabajo— unos cincuenta, pero iban rotando, es decir,
ingresaban por tandas a la isla, y nunca superaron el número de entre
quince y dieciocho simultáneamente.
22 Los decretos del Poder Ejecutivo que establecieron la militarización de empleados del Banco República
y del Banco Central fueron del 24 de junio de 1968, el de los funcionarios de Subsistencias fue el 28 de
junio de 1968 y el de los funcionarios de , Obras Sanitarias del Estado (), Ancap y Telecomuni-
caciones el 1 de julio de 1968.
23 Entrevista realizada el 26 de diciembre de 2022 a las 15:00 h en la ciudad de Montevideo (con una
duración aproximada de 21 minutos), en el domicilio del entrevistado, en la que participaron el autor
del artículo y el entrevistado Héctor Corrales, quien, en el momento de la entrevista, tenía setenta y un
años. Aldía de hoy está jubilado del transporte pero, en los años 1968-1969, ocupaba el cargo de mozo
de ociales para la Armada Nacional.
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Lo interesante del relato es que, en su mayoría, los detenidos eran
funcionarios agremiados al sindicato de , pero hubo un caso puntual
que no lo era y había sido detenido por una infracción de tránsito.
Los detenidos eran instalados en el edicio de la Comandancia que
contaba con dos plantas, reservando el segundo piso para los detenidos y,
según testimonio, estaba en aceptables condiciones, no así el resto de las
edicaciones de la isla que se encontraban en estado ruinoso a esa altura.
Elpersonal naval se instaló en la casa asignada al personal, próxima a la
base del faro que sigue en pie y en muy buen estado de conservación al
día dehoy.
Según el entrevistado, el trato a los detenidos era «familiar y cordial»
por el aislamiento en el que se encuentra la isla.24 Como anécdotas des-
taca la llegada de los hijos de los detenidos el Día del Padre y que, cada
cierto tiempo, se realizaban asados para todos hechos por los detenidos,
partidos de fútbol donde se enfrentaban detenidos contra marinos, o la
complicidad entre detenidos y subalternos cuando comenzaba la recorrida
de los ociales.
Con el tiempo, la isla fue acondicionando sus instalaciones, gracias al
trabajo de los detenidos y del personal asignado allí. Amodo de ejemplo,
en la entrevista nos comenta la llegada de un generador para tener luz,
ya que era inexistente en laisla.
Si bien el testimonio oral puede ser una fuente problematizable,25
nos permite acceder de primera mano a un conjunto de vivencias, expe-
riencias y percepciones que de otra forma no tendríamos.
24 Esto coincide con el relato de Langguth y Varesse. Intuimos que esto fue así debido al bajo nivel de
hacinamiento y a la libertad de rondar la isla a su gusto, asignando muy poco personal para tal n.
25 Para diversos autores, la memoria es forzosamente una selección donde algunos sucesos serán conser-
vados y otros olvidados, además de que la memoria no solo es un depósito pasivo de los hechos, sino un
activo proceso de creación de signicados (Todorov, 1995: 16; Portelli, 1991: 45).
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Su relato nos brinda una aproximación a las condiciones en las cuales
se encontraban los detenidos y nos permite determinar que no solo eran
mejores que las de épocas anteriores, sino también mejores en compa-
ración con los detenidos en otros centros de reclusión.
Este fue el último capítulo de la isla como centro de reclusión, nunca
más se volvió a utilizar para tal n. Aunque si bien existió un proyecto
de reforma para el año 1970, y se comenzaron a realizar algunas obras
edilicias para trasladar presos políticos desde tierra rme, dicha idea
nunca se llegó a concretar (Broquetas y Contrera, 2008: 13).
Aquí podemos trazar la hipótesis de que la isla no era «apropiada» para
la nueva estrategia represiva que implicaba la lógica que impuso la.
Debemos recordar que este nuevo despliegue de la violencia política
estatal, que se estructuró previo a y sobre todo durante la dictadura,
estuvo articulado en torno a los Centros Clandestinos de Detención
() o Centros de Detención Clandestina () (Larrobla, Figueredo y
Sagaseta, 2022: 6-7).
Además de que los  se encontraban en lugares que no estaban
destinados al encierro como, por ejemplo, casas particulares, que exterior-
mente y a la vista pública continuaban siendo lugares para ser habitados
por familias, lo que no era el caso de la isla. Asu vez, dicha estructura
clandestina ( o ) convivió con lo legal (cárceles comunes, instala-
ciones militares), que con mínimos ajustes podrían llevar adelante esta
nueva lógica represiva. Noasí la isla, que ya presentaba un deterioro
importante en la mayoría de sus instalaciones, además de «las dicul
-
tades en el aprovisionamiento de materiales que hacen inviable la idea»
(Langguth y Varesse, 2004: 288).
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¿Se divisa un destello de luz en la isla?
Con la nalización de la dictadura el Estado uruguayo, así como la región,
comenzó a apostar por la transformación de la matriz productiva, lo que
le permitiría acceder a nuevas fuentes de ingresos para superar la crisis
económica que venía padeciendo desde nes de la década del cincuenta.
En este marco, en el año 1987 se aprobó la famosa Ley Forestal, en
1991 se formó el Mercado Común del Sur (Mercosur) y se produjo una
resignicación26 de los conceptos de «parques nacionales» () y «áreas
protegidas» (), operada en la región a partir del IV Congreso Mundial
de Parques Nacionales y Áreas Protegidas realizado en Caracas, en 1992,
inuyendo directamente en la transformación del papel que comienza
a desempeñar la isla por esos años (Pereira, 2013: 3, 21).
A su vez, este período (1983-2006) estuvo signado por acuerdos con
organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos
(), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (, por sus siglas en inglés) y el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (), los que se convierten en actores claves
de la política de los Parques Nacionales en Uruguay.27
Con este escenario y tras diez años de negociaciones se creó el Sistema
Nacional de Áreas Protegidas (), con la aprobación de la ley n.º 17234
en febrero del año 2000, a carpeta cerrada y con algunos vacíos legales.
En este contexto, proclive a la generación de áreas protegidas, se
estableció en noviembre de 1996 que la isla fuera parte del programa de
26 En dicha instancia se redenió el concepto de «área protegida» y comenzó un proceso de revisión
de las categorías y objetivos de las áreas protegidas, donde se identicaron las seis categorías que son
reconocidas hasta la fecha: Reserva natural, Parque nacional, Monumento natural, Área de manejo de
hábitats y especies, Paisaje terrestre y marino protegido, Área protegida manejada (Pereira, 2013: 3, 21).
27 En el período de 1983 al 2005 se da la incorporación formal de Uruguay en dos tratados internacionales
de gran inuencia en el origen de la gestión local de . Estos tratados son la Convención de Ramsar
(sobre protección de humedales) y el Programa  (que coordina las reservas de biosfera declaradas
por la Unesco) (Tejera, 2006: 1-98).
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Parque Nacional de Islas Costeras y que, a partir del año 2007, por de-
creto del presidente Tabaré Vázquez, pasara a transformarse en el Parque
Nacional de Isla de Flores dentro del , en un trámite que nalizó el
27 de enero del 2011.
Hoy en día la isla está poblada por treinta y un especies de aves ma-
rinas y una cantidad inusual de conejos, representando una gran biodi-
versidad. Solo dos marinos que rotan cada quince días son los habitantes
permanentes de la isla y un faro que busca iluminar su memoria.
Reflexiones finales
Como pudimos apreciar a lo largo del presente artículo, la Isla de Flores
muestra en su sonomía actual las cicatrices que han acompañado las di-
ferentes demandas o expectativas sociales, así como los diversos proyectos
estatales que se fueron desarrollando a lo largo de casi doscientosaños.
Es complejo hilvanar un relato que contenga la multiplicidad de
memorias que giran en torno a la isla, lo cual da cuenta de innidad de
memorias fragmentadas que la tienen como centro.
Eso, en cierta medida, explica el olvido actual al que está sometida,
ya que los proyectos estatales que la tuvieron como protagonista hoy
en día se consideran innecesarios o irrelevantes y, a nivel social, destaca
el borramiento, la sustitución o el olvido de las huellas, de las trazas
materiales de la represión que se fueron dando a lo largo de los sucesivos
períodos en el entorno de la isla (Marín, 2016).
Si bien la isla no es catalogable como un  o , y no posee una
alta conexión con el último período civil-militar, sí la tiene con relación
a gobiernos previos y a fases represoras que la antecedieron.
A su vez, como plantea Mikaela Mallo, la espacialidad de la isla es
singular. Setrata del único centro represivo en el territorio uruguayo al
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cual no es posible acceder por vía terrestre. Esto generó una dicotomía,
principalmente durante la última dictadura civil-militar, que terminó
por poner n a la isla como centro de reclusión y sumirla en el estado
de abandono en el que se encuentra al día de hoy, aunque fue el propio
gimen de facto el que declaró a sus edicios como Monumento His-
tórico Nacional en 1976.
Por todo esto, se hace imprescindible rescatar del olvido a la isla para
volver a resignicar estos sitios como espacio de memoria y, con este n,
dotar de datos, información y políticas públicas que permitan destacar
su valor.
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