
Historia & Docencia. Diciembre 2024 | año 14 | n. 13| pp. 58-87
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Ezequiel Carrión Garay
Montevideo: adolescencia y sexualidad en el Novecientos
que nunca había tenido lugar, o, por el contrario, ahora que aquello había
empezado a existir, incorporar a los otros que todavía no conocía, pero
que ya comenzaban a tomar cuerpo en mi proyecto.
Escucharlos y escucharme a mí mismo hace seis años, cuando tenía su edad.
Este viaje es necesario hacerlo, ya que, como arma Jean-Claude Filloux,
«no puedo tomar conciencia de lo que soy si no es por intermedio de lo
que el otro me devuelve a mí» (1996: 37). Los estudiantes me hicieron
retornar sobre mí mismo, recordar, reexionar sobre mi formación: ¿qué
educación sexual recibí?, ¿cuál me hubiera gustado? La cuestión era:
ir desde la perspectiva adultocéntrica
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e instruirlos —porque eso es: la
utilización de prolácticos, pastillas, inyecciones, etc.— en cómo evitar
un embarazo adolescente —y aprovechar para castigarlo—, prevenirlos
de una posible infección de transmisión sexual (), reduciendo la sexua-
lidad a algo negativo —porque ese es el mensaje: «Cuidate de…», «Ojo
con…»—, o, por el contrario, dialogar sobre la adolescencia, etapa por
la que transitan, para posteriormente meternos en cosas que a todos, al
n y al cabo, nos sucedieron y suceden: el deseo, la búsqueda del placer,
la atracción física por otro, entre otras cuestiones «típicas de la edad» (¿o
de la condición humana?).
El desafío estaba propuesto: abordar la sexualidad desde la historia,
dándole lugar a un discurso que no deje como señal que esta se reduce
al sexo y que no sea un mensaje que asuste, sino que sea un diálogo en
el que se puedan sentir cómodos y libres de preguntar, donde prime la
diversidad. Hacia esa emoción a la que se reere Matte (2009), vinculando
las demandas de mis estudiantes con la historiografía, me dirigía.
2 «El adultocentrismo […] ubica al mundo adulto en situación de privilegio y poder sobre niños, niñas,
adolescentes y adultos mayores. Laadultez se plantea como la etapa completa del ser humano, [donde]
ya se adquirieron las habilidades necesarias para el desarrollo de la vida, y supone el control sobre las
decisiones que se toman» (Abero et al., 2015: 53).